sábado, 5 de julio de 2014

Ecuador LXIV. Notarias vs RC.

En este país las notarías se encuentran numeradas, y nosotrxs en Ibarra ya hemos recorrido la tercera, la cuarta y la sexta. Cualquier documento en el Ecuador debe ser entregado bajo juramento y la manera de hacerlo es pasar por una de ellas donde darán fe del mismo.

Lo interesante del caso no es el trabajo que allí se realiza, ni el robo que suponen las tasas que los ciudadnxs pagamos sino que lo apasionante es entrar en cualquiera de ellas y hacer el trámite. Da igual si lo intentas en la primera, la sexta o la decimotercera, se abre un mundo ante ti difícil de entender pero apasionante. Las notarías suelen ser espacios repletos de mesas de oficina y sillas en las que cuando encuentras personas vestidas con igual uniforme, piensas que a ellxs debes dirigirte. Las sillas puedes encontrártelas delante de las mesas, al lado de la propia oficinista o regadas no más por todo el espacio, eso si su ocupación es algo a estudiar. Lo único que de verdad tienes claro al entrar es quién ocupa la habitación del fondo, esa es del señor o señora notaria o simplemente del doctor o doctora. A ella no te preocupes que te dirigirás en diferentes ocasiones pero no tan rápido.

Al principio cuando alcanzábamos la silla frente al administrativo pensábamos que habíamos triunfado, pero en realidad era el momento más frustrante, tan cerca pero tan lejos. Te saludaba, te invitaba a sentarte frente a él o ella y a la vez que te preguntaba “qué deseaba señor’’ aparecían papeles por detrás tuyo, un abogado se presentaba o simplemente la persona que se situaba a su lado y que parecía un compañerx de trabajo se transformaba en un nuevo cliente al que terminar de hacer unos papeles.

En estos casos el idioma es muy importante, no me imagino a una persona que carezca de un castellano fluido saliendo con su papel hecho de alguna de estas notarias, pero nosotrxs ya hemos decidido no intentar entender esta lógica y si por otro lado ser uno más.

El otro día entramos en la sexta, la habían remodelado pero la sensación era la de siempre y el caos controlado también, cruzamos la puerta y sin gesto alguno de duda nos fuimos directos a una mesa (sin ocupar silla alguna) y pedimos nuestra declaración juramentada de patrimonio, quizá la prórroga del Bélgica-USA que emitía la televisión de la sala nos ayudó, pero en realidad no fue así, aquí conseguir ver una cara de enfado o un reproche ante estas situaciones no es fácil. Me dio un poco de lástima por la indígena que allí esperaba y que resultó ser conocida de Lucia de la comunidad, pero ella si está acostumbrada.

El caso es que en el país se están llevando a cabo importantes avances en los lugares públicos de atención al ciudadanx y aunque aún queda mucho por hacer, lo que si es cierto es que las notarías pertenecen al antiguo régimen.

RC es Revolución Ciudadana o Rafael Correa como algunxs dicen.     

 


 

miércoles, 2 de julio de 2014

Ecuador LXIII. Fin del plan A. Carretera y Manta



Como ya os aventuraba, dejé el trabajo. Ayer fue mi primer día de no madrugar, y la verdad, no se vive nada mal…

Debo reconocer que la despedida en algunos casos fue triste, especialmente con mis abuelitxs. Me habían hecho un mantelito bordado y pintado por ellxs, y la verdad es que no pude contener las lágrimas, algunxs de ellxs tampoco, así que nos dimos un abrazo colectivo con besos y achuchones, me sobaron más que nunca!!

Varixs me habéis preguntado qué ha pasado, y aunque mi intención no es contaros aquí toditas las razones, os voy a resumir un poco el tema, para que entendáis la locura de que esté renunciando a un trabajo tan bonito, y que me ha aportado tanto. Y si quedan dudas, ya lo hablamos con un ceviche o unas cañas. (Enla Elipa, Robledo, Lavapiés o los Andes)

Por un lado están las cosas negativas del curro, un cierto caos y desorganización que han podido con mi “rigidez europea”, malas relaciones laborales (especialmente sorprendente la falta de trabajo en equipo y de compañerismo…esta experiencia me ha hecho valorar aun más los compis que tuve allá, durante la residencia, en San Pablo…), retrasos en los pagos de las nóminas, peores condiciones laborales, y una preocupante desactualización en medicina ya que, aunque la parte humana del trabajo ha sido maravillosa, la parte “técnica” ha dejado mucho que desear, fundamentalmente por la escasez de recursos. Sólo os diré que pasaron 6 meses hasta que vi el primer electrocardiograma aquí, que ha sido imposible intentar hacer el control de pacientes crónicos por no ser posible hacer las analíticas de tiroides, diabetes, etc.

Hay una parte que me ha sorprendido especialmente y creo que ha sido de las que más me han afectado, el maltrato a lxs pacientes. No es que sea constante, pero si es mayor de los deseable según mi punto de vista. Esto lo sufre especialmente la población indígena, yo creo que por discriminación racial, y por tener una menor conciencia de sus derechos, menor empoderamiento y mayor resignación, pues aparentemente antes era bastante peor. Creo que las cosas van cambiando hacia mejor, pero muy lentamente, y yo que llegué con mucho ímpetu, he tenido varios encontronazos por intentar respetar derechos tan básicos como el derecho a la asistencia sanitaria…

Y por otro lado están las cosas positivas de dejarlo.

¿Qué mejor que poder visitar a Guille y Marta para que nos enseñen las maravillas de Guatemala?

¿Y qué tal si Joana y Marco se dignan a comprar los billetes para hacernos una visita y poder 
gozarla completa, sin tener que despedirme cada mañana para ir a trabajar?

¿Os imagináis cómo serían unas vacaciones en España, poder veros a todxs, hacer una oposición sin estudiar, y dar la bienvenida y conocer a lxs nuevxs integrantes en la familia? (calma, yo no estoy embarazada…)

Y después, a reinventarnos una vez más, volver a Latinoamérica y ver por dónde nos lleva el viento.

Y qué mejor manera de empezar el plan B que cogiendo Carretera y Manta, pues ya tenemos los billetes para disfrutar de 12h en bus por las intensas carreteras Ecuatorianas con destino a Manta, en la costa central. El objetivo: sentir el verano en este país sin estaciones, descansar, ver ballenas y tararear la canción de Calle 13: “dame la mano y vamos a darle la vuelta al mundo”


martes, 24 de junio de 2014

Ecuador LXII. La doctorita en acción III. Peregrinando a Colombia



Sólo quedan 4 jornadas laborales para dejar de trabajar, y comenzar el plan B.

Siento alegría y una cierta tranquilidad por dejar el curro, pero por otro lado siento pena por romper con esto, y más después de días como hoy, que me he pasado 7 horas caminando por los chaquiñanes (caminitos entre las parcelas y los cultivos) visitando pacientes.

Una vez empatados los sentimientos positivos y negativos, aparece otra sensación, una especie de una urgencia interior, la necesidad de compartiros más cosas del curro antes de que esto se acabe. Así que, aquí va un episodio más de lo que han sido estos meses.

Cómo ya os conté, una de mis actividades favoritas era atender al grupo de adultxs mayores.

Los primeros días en que lxs visité me parecía imposible que pudiera llegar a aprenderme el nombre de algunx, que pudiera asociar nombres y apellidos tan similares y repetidos con caras, gestos y arrugas tan parecidas. No voy a decir que me sepa el nombre de las 86 personas que participan en el proyecto pero si puedo decir que hay varios nombres y caras que me he traído mentalmente a casa muchas tardes; historias duras, entrañables, admirables e indignantes. La normalidad con la que hablan del maltrato sufrido, el abandono, los hijos que murieron al nacer, las negligencias sufridas en hospitales públicos y privados, y la vida tan larga y a veces tan lenta que han vivido no me han dejado indiferente. La mayoría de las veces me he sentido impotente de no poder ayudar más (el complejo de “arreglamundos” es más difícil de llevar en esta parte del mundo), sorprendida por lo poco que esperan de lxs profesionales sanitarios (no sé si por falta de confianza en la calidad, o en la calidez) y abrumada con sus agradecimientos y su cariño.

El día a día de cada visita similar ha sido productivo, conocernos, saber de sus vidas, sus enfermerdades agudas, las crónicas, y sus discapacidades (algunxs no oyen, otrxs no hablan, otrxs no ven y otrxs tienen dificultades para caminar...). Tratando sus mareos, sus parásitos, sus dolores musculares y sus tapones en los oídos. 

Al principio, tal vez por recelo o por falta de costumbre, me tocaba ir a buscar pacientes, interrumpiendo sus actividades de primera hora (manualidades, leer la biblia, escuchar música, o nada) para ir haciendo revisiones a cada unx. Poco a poco la cosa ha ido cambiando y nos tocó improvisar una sala de espera al lado de mi consulta (también improvisada).

A eso de las 09:30 les dan el desayuno, a mi también!!! Creo que desde que voy allá nunca he extrañado los desayunos de pan con tomate que me metía en Coslada (aunque sí la compañía…). Aquí lo típico es tomar para beber una colada, que es una bebida, normalmente caliente, hecha con frutas, cereales, o una mezcla de ambos (como en la colada morada, típica del día de difuntos). Esto se acompaña de un pan casero, un dulce o una tortillita.

Acaban de desayunar y siguen viniendo, hasta más o menos las 12:00 que les dan el almuerzo. Algunxs en lugar de comerse los dos platos que les dan, se comen la sopa, y se llevan el seco en una fundita (bolsa) para la cena.

Mientras atiendo, como la “consulta” no tiene puertas, puedo ver y escuchar lo que hacen, y os diré que he escuchado sermones religiosos con más frecuencia de la que me hubiera gustado, o relatos con moralina machista bastante desesperantes. Una de las veces me reí bastante cuando les estaban contando historias del diablo, o de gente endemoniada. Al acabar las historias comentaban, y varias dijeron que eso de que el mal (demonio) esté en Ecuador se debe a la llegada de los españoles allá por el siglo XV. Otra dijo que quizá lo hubieran traído los incas unos años antes, porque seguro que aquí antes no había de eso… (lo cierto es que en algo coincidimos).

Y lo que más les gusta es la fiesta, siempre encuentran algún motivo para festejar. Aunque no todxs lo viven por igual, suele ser frecuente ver la jarana montada, con lxs indigenxs sentaditxs en círculo y lxs mestizxs baila que te baila en el centro.

Dentro las fiestas en las que he coincidido está el día de San Valentín, que aquí es el día del amor y la amistad. Hicieron varios bailecitos, disfraces, y música a tope. Además siempre preparan algún detallito con las manualidades que realizan. A mi me tocó una cesta con forma de corazón llena de caramelos.

Otra fue el día de la madre, con un evento bastante solemne… Se hizo el concurso de mamasita del año, que fue seleccionada entre 5 candidatas. Todas tuvieron que desfilar (mientras la directora del centro comentaba su vestimenta en plan desfile de moda) y después responder alguna pregunta en plan ¿qué es para ti ser madre? (no os penséis que les preguntaron su opinión sobre Rusia como a las misses españolas). A mi me tocó el honor de ponerle la banda a la ganadora, y a la reina del año anterior pasarle la corona. Todo un evento con mariachis incluidos, y a pesar del folklor y el tema de género, debo reconocer que me emocioné al ver la emoción de la ganadora y su compañero, una de mis parejitas más entrañables.

Cambio de corona
A ritmo de Mariachi








Pero sin duda el evento del año fue en Abril, justo un día después de mi cumpleaños, y fue, nada más y nada menos que una peregrinación a Colombia.

Cada año, desde el Centro organizan alguna excursión, y normalmente piden que les acompañe alguna doctorita, así que como responsable del grupo, fui yo. A las 04:00 de la mañana me recogió el bus en las desiertas calles de Ibarra, y 30 minutos después hacíamos la primera parada para orinar… La verdad, no pensé que fuésemos a llegar a Colombia, pero sí, lo conseguimos, y por suerte sin grandes incidentes. A eso de las 8 estábamos en Las Lajas, una localidad de Colombia a un puñadito de kilómetros de la frontera, donde hay un Santuario que recibe ríos de peregrinxs cada día.

Llegamos, tomamos el desayuno que venía en ollas en los maleteros de los dos buses (más de 90 abuelitxs de excursión y unxs cuantxs apegaditxs, incluyendo a la familia de los choferes). Nos bajamos los no sé cuantos escalones hasta el Santuario, vieron la misa, recogieron agua santa, y volvimos a los buses por el mismo camino.

El sitio es bastante bonito, metido en cañón del río Guáitara y con una construcción interesante, aunque a mi lo que más me sorprendió fue ver las miles de lápidas en agradecimiento por los milagros-favores concedidos por la virgen, y que no dejasen aparcar bicicletas dentro de la iglesia (mirad la foto).

¿Bicis no?
De ahí marchamos a Ipiales, ciudad Colombiana fronteriza, y paraíso de las compras, por ser más barato que Ecuador. El objetivo del grupo en esa parada no era visitar la ciudad, sino comprar caramelos. Así que allí acabamos, con grupitos de octogenarias y septuagenarios, en los pasillos de un supermercado, aturdidos por los precios en pesos colombianos y con el ansia goloso a tope. Afuera el mundo sigue girando. Increíblemente ningunx se perdió y pudimos volver al bus a la hora prevista. Yo sólo pedí que no se comieran todos los caramelos a la vez…

Siguiente parada: Tufiño. Localidad fronteriza en el lado de Ecuador, donde ya estuvo David con sus alumnxs y que se caracteriza por sus aguas termales sulfurosas. Comimos lo que había en las ollas de los maleteros, tiritando de frío y con un cansancio tremendo y después, algunxs se metieron en las pocitas.

El regreso a Ibarra bastante agotador para mi, así que imaginaos para ellxs. Una excursión de más de 16 horas en las que la mayor parte fue en el bus. Una de ellas se mareó en la primera parte, y no bajó del bus en todo el día… A mi me pareció una locura, pero creo que la mayoría lo disfrutaron bastante.

¿Dónde habría sido la próxima aventura?

martes, 17 de junio de 2014

Ecuador LXI. La Doctorita en acción II. Medicina Comunitaria



Siguiendo con la idea de contaros algunas de las cosas vividas en el curro los últimos meses, paso a contaros una faceta de mi trabajo que no había podido desempeñar en España, la parte Comunitaria.


La medicina Comunitaria conlleva la inversión de los papeles, en lugar de ir lxs pacientes al centro de Salud (nuestro templo), la doctorita se traslada a la Comunidad para hacer fundamentalmente labores de prevención y promoción de la salud, y en algunos casos, labor curativa.



En el caso de Ecuador, el Ministerio está intentando aumentar de manera exponencial el número de especialistas en Medicina Familiar y Comunitaria, pues como se ha demostrado en muchos países, es la forma más rentable (y humana) de invertir en salud. Así cuando yo llegué al país hace 1 año había unos 300 médicos de familia en todo el país, y ahora se están formando unos 40 en cada provincia al año. Aspiran a tener unos 5000 especialistas más en unos años. Mientras, tratan de suplir “el déficit” con lxs que estamos dispuestxs a venir.


Además, tratando de reforzar la base de la atención sanitaria, han creado la figura de lxs Técnicxs en Atención Primaria, que son miembros de la Comunidad que se capacitan (una especie de FP de 2 años) para poder trabajar como agentes de salud e intermediarios entre la comunidad y lxs profesionales. Trabajar con ellxs es un lujo, porque además de conocer la zona al dedillo, son imprescindibles para la traducción kichwa-español y romper las barreras culturales. En mi caso han sido las personas de las que más he ido absorbiendo información sobre las costumbres de la cultura kichwa.


Mi zona, es bastante rural, y de mayoría indígena, así que la parte de Comunitaria adquiere aun más valor. Todo lo que hacemos fuera del centro se llama actividad extramural, y afortunadamente, hay bastantísimo trabajo. Aquí va un pequeño resumen.

Estuvimos yendo a las comunidades indígenas y barrios para hacer controles a niñas y niños dentro de un proyecto llamado “Creciendo con nuestros hijos”, perteneciente al Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES). El objetivo es mejorar las condiciones de vida de niñxs de hasta cinco años cuyas familias están en riesgo de exclusión y/o pobreza. Cada semana son visitadxs en sus casas por personal del MIES, y un par de veces por año les visitamos en el barrio o comunidad para hacer revisiones de salud, desparasitar, dar suplementos vitamínicos… Muy parecido a lo que hacemos en la consulta, pero es bastante agradable atenderlos en su ambiente.
Hacemos controles similares en las escuelas y colegios una o dos veces por año.


También hemos salido a visitar personas con discapacidad, que también pertenecen a un proyecto del MIES, por el que reciben ayudas económicas o materiales (recientemente han estado repartiendo camas y colchones).


Otra de las actividades ha sido salir a hacer visitas a mujeres recién paridas y sus bebés. Sobre todo en los casos de parto en la casa, para comprobar que el bebé está bien, ver cómo val la lactancia, entregarle hierro a la madre, ofrecerles la prueba del talón y los controles en el centro, o lo que se tercie (en alguna ocasión me ha tocado ayudar a bañarlos). Os podéis imaginar la sensación cuando veo una bebita de 24 horas, toda envueltita en paños porque esas casas no tienen calefacción, y a veces ni cristales en las ventanas, con su mama de 17 años, unos cuantos primos alrededor, e incluso algún perro o pollo paseando por la habitación. Ya os decía yo que son supervivientes. 



Y ahora vienen mis dos actividades favoritas, y de las que me he encargado semanalmente los últimos 6 meses. Estos dos grupos me han aportado tantas vivencias que creo que se merecen relato aparte, pero al menos os los voy presentando.


Uno es el grupo de “Adultxs mayores”. Son las personas mayores de 65 años, que diariamente se reúnen en un local construido por el gobierno parroquial, el Centro Integral del Adulto Mayor, donde realizan manualidades, bailan, comparten su soledad, desayunan y comen. Algunas de ellas están en una situación bien precaria, problemas de salud, discapacidad, desnutrición, violencia, abandono familiar, etc. así que ir al Centro cada día, les da la vida (y en muchos casos las dos únicas comidas que toman al día). Y ahí he estado yendo yo más o menos una vez por semana, a ver a mis abuelitas y abuelitos, a darles atención, en sentido médico y en el sentido más amplio, a mirarlxs y escucharlxs. Me han acogido con un cariño inmenso, tanto así que si alguna semana no he podido ir, cuando reaparezco me reciben con aplausos, me abrazan, me besan y me magrean. Creo que son tan cariñosxs y agradecidxs porque se han sentido siempre abandonadxs. Siempre acaban con lo de “muchas gracias doctorita, dios le pague doctorita”, menos mi querido Segundo Rainaldo, que se despide con “muchas gracias compañerita”, y a mi se me enamora el alma, se me enamora…


Dibujando a ciegas
La otra maravillosa actividad comunitaria de la que me he estado encargando es un grupo de adolescentes de uno de los colegios de la parroquia. Desde el centro se intenta trabajar especialmente con adolescentes, por los problemas de embarazos no deseados, violaciones, droga y violencia intrafamiliar que hay en la zona, así que hay grupos en los distintos colegios. A mi me tocó empezar con un grupo 2de nuevas”, y de tan nuevas, porque yo nunca había trabajado con grupos, y menos de adolescentes. De hecho me acojonaba un poco porque, por lo que siempre me ha contado David de su día a día y lo que he podido apreciar yo al irlo a buscar alguna vez, tenía ciertas reservas con la chavalada. El caso es que, con toda mi motivación, un poco de pánico escénico y la falta de experiencia, empecé poco a poco, tratando de conocernos para abordar temas como la autoestima, el género, la violencia o la sexualidad…y haciendo además dinámicas para recrearse un poco y que perdieran el miedo a expresarse (Gracias Guille y Susana por las dinámicas!)

Analizando estereotipos
 Y así ha sido como he ido conociendo la zona, caminos y caminos, lomas y lomas, quebradas y quebradas y perros y perras. También me ha permitido meterme en sus vidas, en sus casas, sus escuelas, comer con ellxs, compartir ratitos y hacer lo más bonito de mi trabajo, el seguimiento. Esto aumentó el vínculo con “mi gente”, y desde luego ha sido un gran respiro y alivio salir de “los muros” del centro de salud y trabajar más a mi aire.

Un mundo detrás de los muros