domingo, 24 de abril de 2016

Cuba VI. Nostalgias


Por la ventanilla del avión comienzan a divisarse unos cayos rodeados de agua azul turquesa. Son los segundos previos a sobrevolar la isla de Cuba.

Ya sobre su territorio, el verde y los cultivos preponderan. Entre ellos, la belleza de las palmas diseminadas sin orden aparente, completan la vista. Me emociona el paisaje y saber que en breves minutos estaré en tierra, en esa tierra.

Tras conseguir traspasar inmigración, las maletas y la aduana, choco con un vapor y un olor que me inunda, creo que este aroma siempre me recordará a Cuba, es el único lugar en el mundo que identifico a ojos cerrados.

Viajar y llegar a otros países siempre tiene algo de incertidumbre, pero aquí es como llegar a casa. Una casa que ha cambiado desde que la conocí ya hace quince años, pero que ahora está cambiando más aprisa que nunca. Una sociedad que se adapta sin aparente dificultad a las revoluciones, evoluciones e involuciones que la acechan desde aquel inicio del año 59. Un antropólogo podría realizar su tesis de vida en este pedazo de caribe.

Cuando la conocí, llegar a Cuba era como vivir otra época, sentías estar en un lugar diferente y posiblemente único, con un sistema económico difícil de entender para nuestras cabezas capitalistas, con una filosofía del trabajo y el disfrute genuina, donde se daban unas relaciones sociales especiales, donde las calles no estaban repletas de neones ni eran transitadas por un tráfico infernal; hoy la globalización y la apertura económica están produciendo una pérdida en esas sensaciones.

La economía perece mejorar y los valores parecen empeorar. El anhelo miamense de la juventud causa furor y el acceso al CUC levanta las bajas pasiones.
 

Una vez leí un estudio, no recuerdo el ente occidental que lo llevaba a cabo, en el que se mostraba que el único país con huella ecológica inferior a un planeta y con índice de desarrollo humano aceptable, era Cuba, pero, ¿alguien quiere liderar esa estadística?

Cuba evolucionó en este tiempo, también mis ojos después de estos 1003 días en l’América, y no cabe duda que está viviendo unos momentos de cambio muy interesantes, donde creo que no está en juego la Revolución, pues esta no existe desde hace mucho, pero sí sus maravillosos logros alcanzados.

Mañana, ese Pontiac de casi un siglo, me recogerá en casa para llevarme al Aeropuerto José Martí. Avanzará por las calles de la ciudad más bella del mundo, cruzará como siempre la Plaza de la Revolución, y miraré atrás para llevarme esa imagen del Che y Camilo que me eriza y que siempre se clava en mi retina como la última antes de partir. Me despediré de su cielo inmenso y de ese olor que siempre estará conmigo. Después me elevaré, diré adiós a una Habana ya iluminada, divisaré el contorno del Malecón y me despediré de la isla más grande del Caribe, que tanto me ha enseñado.
 

Pero, sobre todo, mañana, me estaré despidiendo de l’América, que ha sido mi casa durante 1003 días y que en realidad lo será para siempre. En una despedida finalmente amarga, muy amarga, por lo que acontece en mi Ecuador y en ese pueblo que durante medio año nos acogió y nos brindó sus playas, sus camarones y su gente, y que hoy mismo fue evacuado por nuevos y continuos temblores.

Viva Cuba, viva Ecuador y viva l’América, en mi mente siempre.    

Patria Grande, volveremos.

viernes, 22 de abril de 2016

Venezuela II. Postales de Venezuela


Cada tarde, a eso de las 5, antes de la caída del sol, decenas de gucamayas recorren el trayecto entre el jardín botánico y “el lago de los peces” -así lo llama Diego-. El espectáculo es hermoso.
 

19 de Marzo, Camilo cumple 2 años. No es muy consciente de que “es su día”, para él todos los días son una fiesta, la forma en que va descubriendo el mundo es emocionante, todo le agrada y le entusiasma, y cuando ve algo que le sorprende te pregunta con su vocecita seductora “¿viste?”. Definitivamente, como dice su tía Rosy, es un relambío.

La cabeza de Diego tiene engranajes de mil colores, aunque su favorito es el azul. En el cerebro tiene una fábrica de ideas, ahora inventa el mundo, después vuela hasta Maracaibo, más tarde se convierte en puerta con bisagra, y por la noche, a veces dormido, a veces despierto, se dedica a perseguir “murciégalos”.
 


Las arepas más ricas de Venezuela las prepara un cubano. Joaquín depuró la técnica al nivel de ser uno de los areperos favoritos de la familia Goitía. Hay varias cosas que hace mejor que las arepas, una es el batido de chocolate, y otra, por mucho que a David le duela, es jugar al ping pong. Veremos cómo se le da en España hacer la paella o la tortilla de patata.

Nadie hace el trabajo de Neyla como lo hace Neyla, cuida de todos esos pozos de oro negro que son el sustento de su país. Lee, piensa, discute, otra cabeza llena de engranajes. Además, el coco le da para ir planificando el futuro incierto, y para crear alguna delicia, como su pastel de zanahoria, ¡¡mmmm!!

En los alrededores de la Plaza Bolívar, durante la semana mayor, centenares de personas disfrutan de los días libres, pasean, persiguen palomas, alimentan ardillas. Relajante normalidad con la que está cayendo en el país, y lo que es peor, con lo que parece que se avecina.
 
 

También con motivo de la Semana mayor (o Santa), muñequitos de judas obstaculizan las calles para recoger propinas. El domingo serán quemados. En mi imaginario estos son habitantes permanentes de Venezuela, pues las tres veces que hemos venido estaban presentes. (Última vez que venimos en semana santa a este país…)

Y otra de semana santa, receta para hacer unas torrijas tropicales: consiga pan de maíz, córtelo en rebanadas y mójelo en leche en polvo, rebócelas y fríalas en aceite de soya, aderece con azúcar y canela y, ¡listas para comer! Ni se nota la diferencia…
 

En varios lugares de la autopista vemos marquesinas. No son paradas de bus, son refugios para motoristas. La cantidad de gente que se mueve en moto es incontable, y los aguaceros en esta latitud son salvajes. Ahora tienen donde resguardarse de los ríos de lluvia.

Una fila da la vuelta a la manzana, no está muy claro lo que venden hoy a precio regulado, pero por el número de cédula nos toca comprar hoy. Paciencia, paciencia, paciencia.

En la TV pública, el programa Zurda Conducta analiza las últimas noticias de la guerra económica, adulteración de precios, ventas ilegales, abuso y más abuso. Estas guerras sibilinas son una vergüenza. Debe andar circulando por determinados sectores latinoamericanos un manual de derrocamiento de gobiernos sin el acostumbrado “golpe de estado”, eso ya no está bien visto.

El valle de Caracas está rodeado de cerros, esta orografía hace que el humo de las decenas de incendios que semanalmente van reduciendo a cenizas la vegetación de la zona, se acumule en la capital. A veces ni se consigue ver bien la silueta del Ávila.

Desde el Cuartel de la Montaña, en lo alto de un cerro, la mirada de Chávez se posa sobre Caracas. Le queda a tiro la Asamblea, ahora controlada por la oposición, y donde se plantean aprobar una ley de amnistía -o del olvido- totalmente orientada a exculpar los delitos cometidos por opositores durante las famosas guarimbas.
 

El whatsapp informa, venden papel higiénico y azúcar en el supermercado X, y no sé quién cambia un paquete de azúcar por dos de harina. Nuevas dinámicas mueven las redes sociales.

No sé si estas postales llegarán a su destino o arderán por el camino. Este país está en candela. Nosotrxs esperamos poder reunirnos pronto con nuestra familia Cubana-Venezolana en Madrid…¡somos de colores!
 

lunes, 18 de abril de 2016

Venezuela I. Ardiendo

Fenómeno meteorológico

Ya cuando salimos de Ecuador, habíamos escuchado durante casi un año, de la posible llegada del fenómeno del Niño. Se preveía que pudiera incluso superar los niveles catastróficos de lluvias torrenciales del año 98, por lo que era importante una campaña de prevención extensa. Han hecho falta algo más de 18.000 km por carretera y casi 1.500 km por agua, para que después de recorrer por aire los más de 5.000 km que separan Buenos Aires de Caracas, vengamos a chocarnos con dicho fenómeno, que, aunque en menor medida a la esperada, está llevando lluvias a buena parte de Sudamérica. Sin embargo aquí, en Venezuela, la afectación está siendo la opuesta, la sequía es protagonista ya por varios meses. Es tan intensa, que los niveles de las presas que abastecen de electricidad al país están bajo mínimos y la necesidad de ahorro energético es tan grande que en algunas empresas públicas se ha reducido el horario de trabajo e incluso se ha dado vacacional la Semana Mayor entera. (Algo que ha sido muy bueno para poder disfrutar de nuestra familia cubano-venezolana más intensamente). Otro de los dramas de la pertinaz sequía está siendo la cantidad de incendios. En algunos lugares como en los valles caraqueños donde nos encontramos, los montes están ardiendo sin descanso.   


Fenómeno neoliberal

También en Ecuador, ya llevaba Correa largo tiempo hablando sobre la llegada de la restauración neoliberal en Latinoamérica. Han hecho falta algo más de 18.000 km por carretera y casi 1.500 km por agua, para encontrarnos con el fenómeno de la mano de Macri. Y, aunque los efectos en apenas 100 días de gobierno empiezan a ser evidentes, con despidos, inflación y recortes a la libertad de expresión, el fenómeno es aún más agresivo en Venezuela.

La actual situación, en el país más vilipendiado en los últimos tiempos por la prensa occidental, se está volviendo insostenible, las filas para obtener los productos regulados cada día son más largas, el precio del resto de productos cada día está más desorbitado y la escasez en ocasiones se vuelve tenaz. Todo ello ocurre a pesar de los esfuerzos gubernamentales por realizar repartos alimenticios en centros obreros y mercados del pueblo y por intentar cumplir la legislación que obliga a la empresa privada a establecer precios justos en ciertos artículos para la población. Sin embargo, el “bachaqueo” y la guerra económica están siendo rivales difíciles. Prueba de ello es que, en estos días, recogimos, jamón y salchichas en un encuentro bajo el puente de una autopista, harina y arroz en la trastienda de una bodega, pan después de una cola y una espera paciente, y una bolsa de productos no perecederos en nuestro centro de trabajo.

Es muy triste observar cómo pueden llevarse por delante un proceso de algo más de quince años, del que se ven resultados palpables en la sociedad y en las calles. En ello colaboran, la corrupción, la ineficacia, el oportunismo y el no compromiso de sectores apegados al gobierno, la falta de escrúpulos y conciencia de parte de la población venezolana que no duda en seguir especulando y acaparando productos para hacer plata, pero sobretodo las oligarquías venezolanas y sus aliados en el exterior que mantienen una guerra económica sin cuartel. Algunas de sus acciones son: comprar dólares subsidiados por el gobierno para importar y luego vender a la población con un dólar de referencia infinitamente más alto, guardar los productos en sus bodegas para generar desabastecimiento o sacar a la venta exclusivamente las versiones más costosas de un mismo producto, (en estos días se descubrió una cadena de supermercado que prefirió dejar pudrirse 4000kg de pollo antes que sacarlos a la venta).

Se siente emoción, al observar la inmensa misión vivienda que da cobijo a cerca de un millón de familias, al ver la mejora en las condiciones de vida de muchísimos venezolanos que antes engrosaban las listas de pobreza y extrema pobreza, al ver el resultado de misiones de alfabetización, de acceso a la educación y a la sanidad, y al ver las mejoras insuficientes en esos barrios ahora llamados tricolores que siempre estuvieron abandonados. Pero es triste evidenciar una y otra vez como la posesión de los medios de producción y de comunicación nunca está al servicio del pueblo y sí al de unas élites que no dudan y nunca han dudado en asfixiar a la población de hambre si es preciso (Chile 1973) para mantener un país ardiendo hasta que sus privilegios se salvaguarden. Nos vuelven a mostrar que la democracia es un sistema, que solamente es válido cuando de ella emana el triunfo de sus intereses, y si no es así, usarán golpes de estado, guerra económica o cualquier invento para revertir el orden establecido.


Fenómeno migratorio

Ya en Ecuador habíamos vivido de cerca esta realidad. Ellos que vuelven a su país empujados por la crisis española y la mejoría nacional, españoles que hacen las américas con sus titulaciones bajo el brazo, colombianos que nutren el norte huyendo de la violencia, cubanos que como médicos mejoran las prestaciones andinas o que inician viaje al norte en busca de su dorado, y así podría seguir con ejemplos que inundan el continente sudamericano y que mezclan y nutren estas tierras. Sin embargo, el fenómeno más curioso vivido en el Ecuador y entendido ahora en Venezuela, es el fenómeno de migración temporal de los venezolanos haciendo arder sus tarjetas de crédito o “raspando la tarjeta” como se conoce en el país.

Su forma de “viajar” por Sudamérica, es una especie de guerra económica llevada a cabo por ciudadanos de clase media que no dudan en mejorar sus condiciones de vida a costa de empeorar las de buena parte de la población, en la idea del sálvese quien pueda. De hecho, hay sectores que han convertido este negocio en su único trabajo. Al venezolano se le permiten, en función del lugar al que se dirige y el tiempo de estancia, una cantidad de dólares vendidos por el estado hasta hace muy poco tiempo a 10 bolívares por dólar. En el país de destino hacen compras ficticias con la tarjeta y a cambio de una pequeña propina, el establecimiento le devuelve lo gastado con la tarjeta en dólares en efectivo. A la vuelta al país, revenderán esos dólares a una tasa especulativa que se sitúa ahora alrededor de 1200 bolívares por dólar. La realidad es que, incluso pagando el pasaje de avión, compensa el negocio de compra venta de dólares, que además ayuda a la hiperinflación existente y a ahondar más en los problemas económicos existentes.   

Esta emigración temporal no está siendo la única. Hay otra sin fecha de regreso, llevada a cabo por personas que no aguantan más los actuales problemas económicos y de inseguridad, que abandonan el país con la certeza de que la mejoría está lejos y que piensan en las posibles represalias futuras.


En definitiva, me despido de Caracas y de Venezuela con tristeza e incluso con miedo de lo que a esa población humilde y trabajadora les pueda deparar el futuro. Me despido de manera emocionada del Cuartel de la Montaña donde descansan los restos del Comandante Chávez, y dejo atrás los enormes gestos de amor que gran parte de su pueblo tienen por él.
Hasta siempre Comandante

Mientras viajo hacia el aeropuerto, miro las pintadas de carácter socialista y emancipador que invaden los muros y puentes de barrios, plazas y municipios, y pienso como estarán cuando vuelva. Imagino que quizá nos venzan nuevamente, pero que, aun así, no dejamos de aprender y con ello de avanzar hacia una sociedad mejor en la búsqueda del hombre y la mujer nuevxs.

Llego a la puerta de embarque y vuelvo a mirar atrás con tristeza, sin embargo, al observar la pantalla que marca la inminente salida de mi vuelo a La Habana, me siento un poco mejor.

 

PD: En estos diez días de estancia en la República Bolivariana de Venezuela se registraron: el asesinato de un alcalde y un legislador suplente, ambos chavistas, también el asesinato de un activista social comprometido con el proceso. En los tres casos se sospecha que la causa fue el sicariato. Espero que estos datos lleguen a oídos de Mr Cal viva para que haga la campaña oportuna que considere, ya que supongo que estas noticias no les llegaron a nuestros medios de desinformación.

domingo, 17 de abril de 2016

Ecuador CXII. Con el corazón sacudido, y encogido

Ahora que nuestra estancia en Latinoamérica llega a su fin, casi tengo la mente más puesta en Madrid que en estas hermosas tierras. Además, habiendo pasado más de seis meses desde que salimos de Ecuador e iniciamos este viaje continental, la experiencia ecuatoriana parecía algo distante (no hemos parado de descubrir lugares nuevos durante cerca de 200 días), sin embargo, en un segundo todo cambia. La noticia llega a nuestros oídos como un estruendo y nos conecta de nuevo, de forma inmediata y profunda, con nuestra “patria chica”.

Ecuador sufre un terremoto de 7,8 en la escala Richter. El peor que sufre el país desde 1979. Sabemos de la noticia en la Habana, con ansiedad miramos los teletipos de Telesur para saber el epicentro, la magnitud, cada detalle. Necesitamos saber.

Inicialmente la mente se asombra con la fuerza de la naturaleza, como con cualquier otra sacudida en la otra punta del planeta, como con los efectos de un huracán en el caribe, un tifón en Asia o inundaciones en cualquier rincón del mundo. Sin duda es un espectáculo, terrorífico y destructivo, pero espectáculo.

Lo siguiente es mirarse el ombligo, e inevitablemente exhalar un suspiro de alivio, ufff… de la que nos hemos librado. Hablamos de qué nos habría pasado, a esas horas estaríamos probablemente en la playa, o tal vez duchándonos en casa, o de camino al supermercado, o… Me acuerdo de esa mochilita de emergencia que tuve preparada durante meses y que a David le daba risa, recuerdo también el episodio que vivimos con Marco y Joana hace casi dos años en el centro de Quito y me parece un tanto ridículo. Me siento aliviada de no haber vivido algo así, y siento que somos un poco cucarachas, abandonamos los barcos antes de que se hundan (simultáneamente vemos las noticias de inundaciones en Chile y en Uruguay, lugares que hemos visitado recientemente). Parece que vamos esquivando peligros.

Una vez superada la fase egoísta, llega el momento en el que corazón se encoge, y los nombres, las caras y los lugares te sacuden con una magnitud mayor a la del sismo. ¿Cómo estarán Lucas y Henar? ¿Wachito y su familia? ¿Eliana y su bebé? ¿el resto de mis alumnxs y compañerxs de trabajo? ¿el del bar de la esquina? ¿la muchacha del supermercado? ¿Ana y su familia? ¿Fernando y su tienda? ¿quedará algo de la que fue nuestra casa?

Conseguimos conectar y enviar mensajes, a la vez entran cientos de lxs que desde España habéis sabido de la noticia. La emoción me abruma, empezamos a conocer detalles. La zona más afectada es la costa, y especialmente nuestra querida provincia de Manabí. Bahía de Caráquez destrozada, Canoa destrozada, decenas de muertxs en Portoviejo… vemos imágenes de Bahía que terminan de romper el nudo en la garganta. Dolor… Angustia… Tristeza…

Qué ganas de estar allí, de ayudar, de consolar, de acompañar, y sobre todo de saber, pues para nosotrxs, todo ese sufrimiento tiene rostro y nombre. ¡Qué impotencia! ¿Qué hacemos?
De momento seguir esperando noticias, con el corazón encogido y la mente en Ecuador, nuestro Ecuador querido.

miércoles, 30 de marzo de 2016

Argentina IV. Ventanas Porteñas + (Micro machismos I). (*)

Buenos Aires es una ciudad que abruma, y a medida que la paseo, su inmensidad me abruma aún más. Está construida de alguna manera a imagen y semejanza de París, aunque su belleza no alcance la de la capital francesa.  

Como me siento incapaz de escribir de una manera global sobre ella, la reduciré a algunos momentos que se quedaron en mi retina y mente, y que describen aspectos de esta atractiva metrópoli que creo es más interesante vivirla que visitarla.

En la calle 9 de julio, dicen la más ancha del mundo, se enfrentan de manera titánica, el obelisco donde se izó por primera vez la bandera nacional y uno de los símbolos de la ciudad, y el rostro de Evita en un edificio ministerial a imagen y semejanza del rostro dominante del Ché en la Plaza de la Revolución habanera.
 

 

 
 
 
 

Esta avenida es flanqueada por las hermosas, barrigudas y pinchosas ceibas, que en este momento del año tiñen el suelo de rosa ante la caída de su flor.


En la propia 9 de julio y en el lugar donde perpendicularmente la corta la Avenida de Mayo, tienes una de las más bellas imágenes de la ciudad. Al oeste el edificio del congreso. Al este la casa rosada. Los símbolos de poder se alinean.

 











Por la 9 de julio avanzan unos detrás de otros, colectivos algo viejos. De sus ventanas salen medios cuerpos y también color rojo de bengala. Son los hinchas de River camino del Monumental donde se enfrentarán a Boca. El clásico acabará 0-0. El único que ganó en el partido fue el BBVA que patrocina a ambos equipos. Estos no entienden de colores, sólo del color verde.

En muchos de los barrios, las aceras tabletean bajo tus pies y el fastidio tras la lluvia es evidente. Se hace habitual el sorteo de excrementos caninos y también que en ciertos lugares las aceras se estrechen por la presencia de colchones y cartones que hacen de estas el hogar de mendigos. Como contrapunto, las aceras de Corrientes dibujan estrellas en honor a sus más destacados actores y actrices.

La Boca es uno de los barrios turísticos, aunque de turístico apenas tiene unas cuadras. Es el lugar donde se instalaron los primeros italianos y donde construyeron con chapa de los barcos sus casas. Es un lugar pintoresco y dominado por el estadio de la bombonera. Saliendo de esas pocas cuadras, el barrio muestra toda su marginalidad y las casas de ladrillo agujereado con gallinas por sus aceras ahuyentan las cámaras fotográficas.

La Boca...
...también








 

En los barrios del noroeste, el laburo de pasear perros con pedigree está extendido, en los del sureste no está extendido tener laburo.

 En el barrio de la Recoleta existe un pequeño cementerio, no apto para casi ningún muerto. Grandes colas transitan un pequeño pasillo donde sobre mármol oscuro se lee, Familia Duarte. Y yo me pregunto qué sabrán todos estos japoneses y demás flasheadores de Evita Perón.

El barrio de Palermo es un poco fashion o gentrificado como aprendí que se llama a este proceso, allí la calle Jorge Luis Borges desemboca en la Plaza Julio Cortázar. No sé si ahora el barrio les inspiraría. (Eso sí, el almuerzo estuvo bacán).

En el barrio contiguo de la Once el panorama cambia radicalmente. Las tiendas boutiques de última moda se convierten en extensas galerías comerciales de pequeños locales que en su mayoría regentan chinos y latinoamericanos de latitudes andinas. También es el barrio judío, aunque no lo advertimos.

No muy lejos de allí, en el barrio de Almagro se produce la intersección entre la calle Palestina y la calle Estado de Israel. Salvo el intenso tráfico, no hay mayor problema.

El metro o subte como llaman acá, es un agujero sudoroso en estos meses de verano, sus techos bajos y sus estrechos pasadizos hacen aún más claustrofóbico el viaje. Cuando estás en el andén y miras a tu alrededor, las caras que encuentras te imposibilitan reconocer el país donde te encuentras.

A la entrada del subte, un cartel nos recuerda que la línea B se encuentra interrumpida por medida de fuerza gremial. (Es decir por paro de los trabajadores).

En alguna de las esquinas establecidas por el cruce de dos calles, siempre huele a pizza. Casi siempre en alguna de las otras tres huele a parrillada.

En Buenos Aires florece la cultura a ras de calle. Es fácil encontrar disqueras, las librerías crecen por doquier, las salas de teatro están regadas por todo lugar, además puedes encontrarte con el paseo del tango, el de la historieta o el de los desaparecidos.
 

 









En la infinidad de librerías que puedes encontrar, no faltan nunca a su cita Hernández, Lorca, Machado o Alberti.
Teatrolibrería

Durante los quince días que paseamos la ciudad, vimos que en los cines Gaumont, una tremenda cola se situaba frente a la sala 1. La película era una coproducción hispano-argentina, 100 años de perdón. Cuando se habrá visto en una así Calparsoro.

En esta ciudad y con la excepción de su zona más céntrica, los árboles son los protagonistas poblando minuciosamente las calles y en la mayoría de los casos superando a los edificios en altura.

Los domingos en Buenos Aires son como en el resto de Latinoamérica. Ciudad vacía, comercios cerrados y parques llenos. En este caso en el parque se desborda el mate.
Materas listas

La feria de Mataderos es gastronómica y artesanal, participan las diferentes regiones de la Argentina. Entre choripán y tucumana, no faltó en el escenario una chica de voz hermosa y que nos devolvió a la esencia más Latinoamericana.
 

 


Lo único que no descansa en Buenos Aires es la basura, porque ni en sus contenedores la dejan descansar día y noche.

Buenos Aires y el Uruguay están separados por unos 50 kilómetros de agua que corresponden al rio La Plata. Nada más zarpar de Colonia los rascacielos de la capital empiezan a dibujarse en el horizonte. A medida que te acercas, muchos más comienzan a aparecer a la vez que lo hacen las grúas del puerto. Mientras navegábamos una punzada nos mordía el estómago, era 11 de marzo y nuevamente era un día de luto.

Después de la visita de Obama a Cuba, éste llegará a Buenos Aires. Justamente se cumple el 40 aniversario del inicio de la dictadura. En esos días se quiere programar su visita al museo de la memoria (ex – ESMA). Cruel es la historia, en ese lugar Estados Unidos participó en la tortura y desaparición sistemáticas de miles de compañerxs. Para cuándo unas palabras de perdón y arrepentimiento.
 Antes de la visita, Obama alababa al presidente Macri y a sus recientes medidas económicas. A la vez criticaba las acciones llevadas a cabo por Cristina de Kichner durante sus gobiernos. ¡Ay! Argentina lo que te viene encima.

Las paredes de Buenos Aires escenifican la lucha de los trabajadores. Diferentes y variadas organizaciones llenan los espacios con sus reivindicaciones. Diera la sensación de una sociedad organizada y en lucha, aunque seguro que buena parte de la misma también está organizada entorno al centro comercial y la indiferencia.

Hemos disfrutado mucho esta enorme ciudad y sobretodo de su oferta cultural, pero además podemos decir que cada día al volver a casa, entrábamos en su historia. Nuestro hostal fue la casa donde Perón realizó la campaña que le llevó a la presidencia por primera vez, después de salir de la cárcel. Incluso allí se imprimieron los dos periódicos y la revista de humor que crearon los peronistas en aquellos tiempos. 

Seguramente hay muchos más lugares y muchos más momentos que esta gran ciudad nos brindó, pero hay que seguir camino.

(*) Hemos cambiado el título de Postales por Ventanas, en honor al genio de Galeano.


 

Micro machismos I:

Esta larga estancia latinoamericana nos ha dado para aprender sobre muchos aspectos y uno de ellos es el género. Así que hemos utilizado las calles de Buenos Aires para comprobar uno de los muchos micro machismos que se dan en nuestras sociedades. Ciertamente los primeros en erradicar serían los macro, pero los micros nos muestran cuan arraigado se encuentra el patriarcado en nuestro día a día y por ello son muy interesantes de estudiar.

El micro que nos ocupa en este momento es contabilizar de todas las parejas con las que nos cruzamos y que van agarradas de la mano, en cuantas es la mano del hombre -o en realidad su brazo- la que va por delante y en cuantas la de la mujer.

Podíamos pensar que es algo anecdótico y sin importancia y quizá lo fuera si el resultado rondara el 50% aproximadamente, pero si no es así quizá haya alguna razón detrás de ese inocente gesto.

Resultado con una muestra de 100 parejas:

En 96 casos el hombre llevaba mano y antebrazo por delante, en 4 lo llevaba la mujer. Debo decir que de esos 4 casos en 2 de ellos aun llevando la mujer la mano por delante era el hombre el que tiraba de ella.

Las matemáticas dirían que el resultado es estadísticamente significativo y que evidentemente no se debe al azar.

Me despido con una canción…
 
"Ay, ¿quién maneja mi barca, quién? 
que a la deriva me lleva, ¿quién?"


martes, 29 de marzo de 2016

Argentina III. Un síndrome de película


Hace tiempo que sufro el síndrome de “la película argentina”. Éste consiste en que, cada vez que converso con personas de nacionalidad argentina, especialmente si son porteñxs, siento estar en una película. Ese acento, inevitablemente, me evoca el cine y, a partir de ahí, empiezo a tener una serie de alucinaciones cinematográficas.

Así fue nada más entrar en el país, en un bus de una compañía nacional. De repente, el asistente de viaje (algo así como un azafato de tierra, muy frecuente en buses peruanos y argentinos de largo recorrido en los que se sirven comidas) comienza a repartir papelitos a todxs lxs pasajerxs mientras nos anuncia que vamos a jugar al bingo. Comienza a sacar las bolas entre bromas e ironías, y yo concentrada en mi cartoncito trato de descifrar si esta pudiera ser una escena de Nueve reinas…¿habrá truco? al final, la botella de vino mendocino se la ganó una señora del piso inferior.


Llegando a la capital atravesamos una de esas villas miseria que concentran lo que fue la esperanza de una vida mejor en la ciudad, el éxodo rural al reclamo del capitalismo, la injusticia enmascarada. De repente creo ver a Maca, la niña feliz de En el Mundo a cada rato, ahora convertida en adolescente, embarazada y con pocas opciones de futuro.


Una vez puestos los pies en el suelo, tenía la sensación de que inminentemente me podía cruzar con Soledad Villamil o Cecilia Roth. Rápido, para no ilusionarme en exceso pensé que tal vez no vivan acá. El caso es que días después me pareció ver a Soledad metida en su papel de Irene, investigando un nuevo feminicidio en la ciudad al tiempo que las paredes gritan ¡Ni una menos!


Yo ya suponía que Avellaneda era un barrio real, pero atravesarlo con uno de esos colectivos que los domingos se dirigen atestados hasta la Feria de Mataderos, me emocionó un poco. Lástima que aún no hubiera salido la luna. En cualquier caso, ver que no hay barrio en Buenos Aires que no tenga un gran parque, y que no hay parque que se precie que no tenga algún puesto de libros, alguna familia con sus sillas plegables, un puesto de choripán, o simplemente gente sentada en los bancos conversando, ya es un regalo.

Paseando por las calles del centro, la zona financiera, vemos una protesta de trabajadores del sector bancario. De repente en mi cabeza suena el estruendo, son las famosas caceroladas de protesta, se sigue robando a las mismas personas, el saqueo continúa. Todo se guarda en la memoria del pueblo.

Memoria del saqueo II 

Avanzamos hacia la calle de la cultura, Corrientes, en el cartel más grande de la avenida anuncian un nuevo estreno. Valeria Bertuccelli pasó de tener un marido que le buscaba un nuevo novio, a casarse con un boludo. ¡Ay que ver lo que llena la boca decir boludo y pelotudo!


Amor boludo a ritmo de tango
Me parecieron escenas muy de película los domingos de la costanera, con sus encuentros de danza, sus puestos de comida, sus loros escandalosos, sus helicópteros sobrevolando rascacielos y los aviones despegando cada dos minutos. Sigo el trayecto inicial de cada uno de ellos. ¿Será el piloto el nuevo protagonista de un relato salvaje? ¿Se encontrarán sus progenitorxs sentados tranquilamente en algún pedacito de esta concurrida parte de la ciudad?



Cansada de imaginarme tanta película, decido ver una de verdad, “de la misma Argentina”. Pago mis 8 pesos (unos 50 céntimos de euro al cambio actual) y elijo Soleada, porque me gusta el título, porque la dirige una mujer, y porque aparece Rally Barrionuevo cantando. Descubro el lindo acento cordobés, y disfruto de ver lo que pasa cuando parece que no pasa nada.
 

 
Salgo aún más enmimismada, ¿de verdad que no estamos en el rodaje de una película? Las tiendas de la Once me recuerdan a La salada, las lleves de mi habitación a El Cerrajero de Natalia Smirnoff, en cada carnicería esquinera pienso que puede haber un Patrón al que le guste el hipoclorito, cada mujer mayor con gesto distraído me recuerda a Norma Aleandro, y con cada placa en recuerdo de algún o alguna desaparecida de la dictadura, me estremezco, como si cada una de ellas representase un Kamchatka del tablero del risk.

Los síntomas comenzaron a agravarse, y las alucinaciones fueron teatrales también. Varias veces me pregunté, calle tras calle, por dónde pasearían al Turquito para que delatase a sus compañerxs de la clandestinidad. La voz de Juan Diego Botto resonaba en mis oídos. Pensé que el síndrome podía ser contagioso cuando David me confesó que el también sentía la presencia del Turquito.
 


Llegó un punto en que el síndrome pasó la frontera de las artes escénicas y la ficción, personas reales comenzaron a protagonizar las escenas de una película de cameos. Fragmentos de la vida de Rosita en Buenos Aires a ratos embarazada, a ratos con Mateo, como flashbacks; Carol encontrándose con sus raíces, su humor y el vino; Susana, interpretando a una trabajadora de correos, mostrándonos su querida ciudad, mientras repartimos postales, en una comedia que gira en torno a sus deliciosas milanesas; Silvina como protagonista de su propia fama, profeta en su tierra, firmando y filmando la Ciudad Laberinto en las galerías de arte capitalinas, y Luis en una peli en blanco y negro metido en ambientes bohemios y disfrutando de todos los placeres de la vida. ¡Qué lindo es el cine!


Creo que esto está empezando a afectarme, ya no distingo lo que es de lo que “no es”, además, a la vez que se acerca el otoño, cientos de buitres venidos del norte amenazan con devorar al país de nuevo. Nunca me gustaron las pelis de terror. Partamos rumbo al norte, tal vez la primavera me saque de la cinemanía y me cure el síndrome de “la película argentina”.