martes, 16 de diciembre de 2014

Spañistan I. A relaxing cup…in Plaza Mayor.



Ahora que me encuentro por encima de 10.000 m y que observo la parábola que dibuja el avión sobre el Océano Atlántico en las pantallas, ahora si puedo decir que ya estoy a salvo.

A salvo de una ciudad, Madrid, que ha convertido su centro en un escenario de cartón piedra, en un área sin alma, impersonal, irreconocible frente al de otras ciudades occidentales, donde residentes y visitantes caminan sin verse porque van en modo “consumo compulsivo” y donde se comunican a través de su último apéndice electrónico. Es curiosa también la tendencia de los locales hacia lo orgánico, lo desenfadado, lo natural… en fin hacia la slow food & life, burda ironía de la realidad.

A salvo de una ciudad donde todo dura una semana, la Madrid fashion week, la Madrid Horse Week, la Madrid Cake Week y así un puñado de eventos de escaso interés social, aunque me imagino debe haber una parte de la sociedad que se pirra por lo anglosajón.

A salvo de una ciudad cada vez más partida en dos, una que ha pasado de puntillas por la crisis o que se alimentó de ella y otra que sufre y observa cómo sus barrios crecen en suciedad y falta de servicios. Excepto el policial que ha conseguido salvarse de los recortes, por mantener la pujanza de la industria automovilística o por mantener “la paz en las calles”.

A salvo de la caída masiva de árboles, del descontrolado virus del ébola, de la corrupción galopante, de la falta de ética y escrúpulos, de... Ay diosito!! Qué equivocadxs nosotrxs que nos creíamos a salvo después de huir de los sismos quiteños, las erupciones volcánicas y demás contratiempos de la flora y fauna amazónica.

Y mientras me alejo de la vieja Europa también pienso que no todo fue desesperanzador y que en ella también estuve a salvo cuando estuve con todxs vosotrxs, amigxs y familia, que nos tratasteis tan bien y que con tanto cariño nos hicisteis sentir que no había pasado algo más de un año sin vosotrxs.

Nuestro avión y nuestro destino está en l’América, donde nos espera ese SOL, ese MALECÓN, esos ANDES y esas familias cubanas y ecuatorianas maravillosas que también echamos de menos este tiempo.

Y ahí es donde os esperamos a todxs en nuestro lindo Ecuador o en nuestra hermosa América.

1 comentario:

  1. David, al final te veo dedicándote a la sociología. Opino lo mismo que tú, ya sabes, pero todavía sigo dándole vueltas al hecho de cruzar el charco. Me quedan unas cuantas cosas por resolver en esta asfixiante ciudad.
    Un fuerte abrazo.

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