lunes, 23 de mayo de 2016

L’America y sus fronteras

Siempre me han producido bastante curiosidad las fronteras, me resultaba tan artificial que a partir de un punto (o una línea en el mapa) se hablase portugués y no español, o que al otro lado del río todo pudiera ser tan distinto…

Sin embargo, con Latinoamérica y su corta “historia actual” (me refiero a la historia desde las independencias de la corona española, cuando el subcontinente sur empezó a pintarse con líneas a capricho), eso de las fronteras siempre me pareció algo poco nítido. Entiendo las fronteras naturales, un océano, un río inmenso o una cordillera, como barreras que durante mucho tiempo han mantenido alejadas a algunos grupos de personas permitiendo tener características diferenciadas, pero las fronteras actuales, no sé.

Resulta difícil tratar de explicar todas las sensaciones y pensamientos que me acechaban al traspasar cada una de las casi 10 fronteras de los últimos meses.

Pasamos de Ecuador a Perú en barca, y aunque las banderas, la moneda y la publicidad de productos de consumo o partidos políticos eran distintas, yo sentía a mi alrededor la misma esencia.

Salimos de Perú por una orilla lacustre, la orilla del Titicaca, y nuevamente tuve la misma sensación, cambian las banderas, las monedas, las marcas e incluso la forma de vestir, pero la esencia de las personas se mantiene.

Para mí estos tres países son hermanos, y aunque los tres tienen una inmensa variabilidad de vidas en su interior, los tres comparten esa esencia andina que se desborda hacia este y oeste sintiéndose también es sus costas o selvas. La pacha mama marca sus vidas, la mirada profunda indescifrable, la cortesía, la inocencia, la sencillez se palpan y se repiten a lo largo del mapa. No tuve sensación de haber salido de Ecuador hasta que…llegamos a Chile.

Cuando ya estaba a punto de decir que eso de las fronteras en Latinoamérica es un invento, ¡toma! Pasas de Bolivia a Chile y de repente todo cambia, porque ahí tuvimos la sensación de que TODO cambiaba, que empezaba un viaje nuevo. En primer lugar, el aspecto físico que, aunque no deja de ser trivial al pensarlo con profundidad, es tan relevante en ese continente donde el racismo no está superado ni de lejos (como en el resto del mundo). Así que yo, con mi blancura intensa, pasé desapercibida en Chile entre descendientes de alemanxs, españolxs, inglesxs, italianxs o croatas.

Esto último fue clave para comprender por qué esa frontera política, era también una frontera humana. En Chile y Argentina los pueblos originarios fueron literalmente barridos hacia el norte y el sur, cuando no directamente exterminados. Así que la población que los habita actualmente desciende de migrantes de Europa, gente emprendedora que hace 2 o 3 siglos llegó a nuevo continente para asegurarse el futuro.

Y así, aunque haya “ramalazos latinoamericanos”, la sensación de estar en algo parecido a Europa, no desaparece (y no tiene que ver exclusivamente con la importantísima presencia de empresas como bbva o el Santander). De hecho, la animadversión a los colonizadores no existe, pues no había en la zona ningún imperio para exterminar, y los pocos grupos aislados que vivían en esas tierras australes fueron sencilla y eficazmente borradas del mapa.

Aunque no tuvimos mucho contacto con comunidades Mapuches (algo así como los galos de Chile o incluso de Sudamérica), no creo que sientan más odio por Colón y compañía que por los que llegaron después de la independencia, pues aquí el exterminio fue posterior a “la conquista”.

Pasar de Chile a Argentina, aunque algo lento, no fue más que un trámite al más puro estilo europeo (amenizado por una partida de Bingo en el bus que atravesaba la cordillera uniendo ambos países) y la sensación en cuanto a fronteras humanas, no cambió en exceso. De hecho, siguiendo con la línea de los orígenes, y siguiendo con los estereotipos, en Chile tienen aire de descendientes de alemanes y españoles, y en argentina de italianos y españoles.

De nuevo una frontera acuática-fluvial nos sitúa en Uruguay, ese país que para muchxs es algo así como una “provincia de Argentina”. Sin entrar en grandes profundidades es cierto que la esencia es similar. Sin duda tener una historia prácticamente paralela y esa proximidad geográfica tiene que notarse.

Lo siguiente ya fue más duro, cualquier cambio de país por aire dificulta la asimilación y los cambios, y más cuando haces algo más de 5000km. ¿Qué tienen en común Argentina y Venezuela? Pues además de una inflación bruta e infinidad de recursos naturales codiciados por medio planeta, no sé…

Después, las compañías de bajo coste y la geografía caprichosa hacen que aparezcas en Curazao, antigua colonia holandesa. Así que después de más de dos años en Hispanoamérica, encontrarte con el papiamento, lengua local que es una curiosa remezcla de español, portugués, holandés y la lengua de lxs esclavxs que fueron traídos hasta este rinconcito del Caribe, resulta cuanto menos algo extraño. Mejor ni intentar analizar las fronteras del Caribe, pues se repartieron las distintas islas y archipiélagos como si fuera un pastel, y en muchos casos lo único en común es el mar que los baña y el clima que hace que sean un destino vacacional eterno.

Luego llegas a Cuba, la isla más aislada de la historia y te das cuenta de la relevancia de esa peculiaridad geográfica durante décadas. Y después te das cuenta de que lo que la naturaleza y la política no permite, lo consigue el internet. Así, la globalización llegó hasta el último rincón del caimán verde, el wifi, las series de moda, los celulares y tablets, american idol y demás inventos están a la orden del día. Cuba ya no es una isla mental.

El último paso fronterizo fue el más extraño, de nuevo en casa. Sobrevolar la península se hizo raro… ¿dónde están los andes? ¿y la Amazonía? ¿¿¿7º Centígrados??? ¿Policías con barba? ¿Qué más vendrá, coches que se abren sin llave, con el celular?


Y lo más importante, es que al llegar a Barajas (me agarro al nombre del aeropuerto “de toda la vida”) ves nuevamente ese simbolito de la unión europea, y recuerdas de golpe el significado de ese círculo de estrellas. Esa unión que sirve para que lxs que nacimos dentro no tengamos el menor problema para atravesar fronteras, ¡bienvenidxs eurpexs! Esa unión que hace que conseguir atravesar ese cercado de estrellas punzantes sea un sueño para personas que huyen del miedo, la guerra, la miseria, la ausencia de presente y de futuro, un sueño que se verá frenado de la forma más humillante, y en ocasiones más violenta y deshumanizada que podamos imaginar. El círculo es nuestro, y el resto del mundo también. Lo de las fronteras no deja de ser un trámite…

Definitivamente...


miércoles, 18 de mayo de 2016

Spañistan II. Me separo


En estos tiempos de preponderancia tecnológica y en los que exhibir tu vida y acciones por la red es el objetivo de muchos, he decidido sumarme a ello y pensándolo bien no sólo contar las cosas buenas que uno disfruta sino también las desgraciadas.

¿Cómo empezar?…En estos tres años hemos cambiado mucho, tanto tú como yo. Tu cambio ya se vislumbraba entonces y posiblemente algo el mío. Pero este devenir en sentidos tan opuestos hace complicada nuestra relación. Me hace recordar esa paulatina separación de las placas que diseccionaba Islandia, lo único que la nuestra irremediablemente será más rápida. Hemos vivido tantas cosas que mi cabeza ahora se vuelve incompatible contigo, además creo que la edad irá socavando más aún nuestras diferencias. Debo incluso decir que hay partes de ti que odio.


Por encima del resto, no soporto tu falta de personalidad, el intentar convertirte en una réplica más, en un mundo marcado por el seguidismo. Sé que has hecho algunos esfuerzos en estos últimos tiempos pero nadar contra corriente es cansado y difícil, sobre todo cuando en realidad no queremos nadar. Decir que no hay cosas que me sigan enamorando de ti, es mentira, pero a día de hoy creo que esos sentimientos están en minoría y no te soporto, Madrid.


Me separo de ti momentáneamente, pero creo que nuestro divorcio será irremediable. Aún así, como ocurre en los tiempos de crisis, tendremos que convivir hasta que las circunstancias cambien. No soporto una ciudad en la que se cierran librerías mientras se abren gym’s, en la que se cierran salas de cine y se abren shop’s o en la que los centros sociales se clausuran mientras se veneran gintonerías o sushi lounge fresh green food place’s. Tampoco soporto una ciudad donde en sus barrios obreros proliferan las casas de apuestas, como esperanza individual. Tu evolución y la de este mundo es irrefrenable, pero yo vengo ahora de conocer a otras que, no por convicción propia sino por imposición histórica, viven una realidad diferente, más sencilla, inmersas en una espiral de consumo menor y con hábitos más saludables y distintos.


Pero esta imparable evolución del capitalismo globalizado, también me hace reflexionar sobre los gobiernos progresistas latinoamericanos o progresistas en general. Estos se muestran como momentos históricos en los que las condiciones de vida de sus poblaciones siempre olvidadas mejoran ostensiblemente y donde incluso con osadía intentan estrechar la brecha existente entre unos ciudadanos y otros, apostando por la justicia social, sin embargo hay una realidad, y esta es, que terminan desplazando o asimilando a los sectores combativos de la sociedad, que no consiguen revertir la ideología imperante y que sirven en bandeja al neoliberalismo un nuevo ejército de clase media dispuesto, ahora sí, en condiciones de comenzar a consumir.


Parece un final desalentador, pero me gusta como casi colofón a esta pequeña incursión en las tecnologías. He disfrutado mucho el escribir y con ello reflexionar, el intentar analizar con mayor o menor fortuna pero siempre de manera crítica lo que me rodeaba y ha sido un placer agotador, del que mis ojos y cabeza agradecerán su final, pero del que se deleitarán en el futuro. 
Gracias por vuestro apoyo incondicional en todo este tiempo, allá tan lejos.


Un beso a todxs, ciao Madrid y que viva l’América. 


jueves, 12 de mayo de 2016

Cuba-España I. Acordes



Ocho horas de vuelo no son ni mucho menos las que separan dos continentes, por lo que son insuficientes para poder asimilar el destino.

Han sido 1003 días en l’América, 206 viajando por el subcontinente sur y haciendo casi los mismos kilómetros que una vuelta completa a la Tierra por la línea ecuatorial. Demasiado para que la cabeza asimile de golpe y porrazo la entrada en la vieja Europa.

Aún con las chanclas puestas, 7ºC nos reciben, hielan, se frenan los estímulos externos que tanto tiempo nos acompañaron y quedan sustituidos por el caliente cariño de familia y amigxs. Acabamos de finalizar un curso vertiginoso de vida que en condiciones normales serían lustros y al que le faltan los créditos de procesamiento y asimilación. El atractivo de lo desconocido es sustituido por una realidad conocida aunque algo ajena. En ella entiendes lo que se te comunica, pero lo complicado es comunicarte tú, buscas complicidad en los que hasta hace poco eran tus vecinos, pero ahí, también hay distancia. Vuelves al que es tu mundo, pero ahora te queda pequeño, porque tu cabeza ha quedado dividida en muchos mundos.

Ha sido mucho lo vivido y sobretodo lo aprendido. Algún día seremos capaces de valorar esta maravillosa experiencia en la que entendí tristemente, que globalización no es una mera palabra sino una realidad absolutamente enraizada hasta en el lugar más recóndito, en la que me di cuenta de la pérdida de mucho más que un hombre en el Churo, en la que sentí que selknam o waoranis eran una esperanza que logramos someter, en la que fui consciente que Galeano no sólo es actual sino que será eterno, en la que aprendí a apreciar lo hermoso de la naturaleza y la sencillez de la vida y en la que no pude tener mejor compañera de viaje y reflexiones. Ya no somos los mismos.

En estos primeros momentos de la vuelta, me agarro al salvavidas, por dos veces, que me proporcionan los acordes de Silvio. Me transportan por horas a una realidad que nunca volverá, y con gran emoción me turba pensar en esos años de Revolución que fueron capaces de provocar tamaña poesía y virtud en un hombre pequeño como éste y que tanto han influido en mí. Son instantes en los que ambos continentes vuelven a acercarse.

Y con esos acordes sueño, y también sueño en tener entre mis manos l’América, convertida en libro. Y sueño en disfrutar su lectura en aquel sillón que se mece en el soportal verde, sobre las infinitas eses del Shiripuno, en los surcos de papas que esperan el deshielo andino, tumbado en la hamaca que se mueve al ritmo en que las estrellas giran alrededor de la amazonía, desde la cima más alejada del centro terrestre, frente al vuelo rasante del pelícano en una costa que se estremece al maldito 7,8 u observando la figura de caballito de mar que Isabela me proporciona.
 
En fin, espero disfrutar de su lectura en este nuevo día a día, en una banco cualquiera de una plaza de la Elipa, mientras una otavaleña se sienta a mi lado y un tucán nos observa frente a nosotrxs.