jueves, 19 de febrero de 2015

Ecuador LXXVIII. Bienvenidxs al Sur.

Durante este año y medio vivido en el Ecuador no lo habíamos conseguido por apenas un grado, pero ahora sí, ahora no sólo hemos cambiado de continente sino que hemos cambiado de hemisferio. Por fin seremos del sur, con toda la simbología que ello conlleva. La cruz del sur será ahora nuestra referencia estelar.

Y este cambio de latitud ha traído con ella multitud de cambios más:

Los 2.225 m.s.n.m. los hemos convertido en apenas los 5 metros que separan nuestro departamento de la calle, los 25ºC de máxima los hemos convertido en 25ºC de mínima, cambiamos el movimiento de las nubes sobre el valle andino por el movimiento continuo de las mareas. El bañador sustituyó el forro polar, el dividí(*) a la chompa, la colosal vista del volcán Imbabura ha sido reemplazada por la imagen de una inmensa bahía y las lagunas las sustituimos por el estuario del río Chone.

Ya no vemos más colibríes desde la ventana, ahora son pelícanos y fragatas, desde la carretera ya no se ven pinos y eucaliptos que pueblan las montañas andinas y si la asombrosa figura del ceibo sobre suaves montes áridos.

Quito ya no está a dos horas y media de casa sino a siete horas y media, hemos dejado de escuchar la música chicha y ahora aparece la tecnocumbia, no echamos de menos los ladridos de Pelusa pero ahora tenemos una lucha encarnizada con cucarachas y mosquitos (efectos del invierno costeño), en los cables callejeros cambiamos las plantas por pájaros y hemos sustituido la entrañable música del camión de la basura por un tal Miguelito el reciclón (un galápago que se encarga de estos menesteres). ¡Coño! Hasta la basura se recogía antes a las 9 p.m. y ahora a las 9 a.m.
Pentagrama costeño

El Telégrafo (muy a mi pesar) lo estoy sustituyendo por El Expreso de Guayaquil y la piedra de lavar por una moderna lavadora, eso sí, la terraza ahí sigue estando.

Aquí la papa se la dejaron para el conquistador y ellos siguieron con el patacón (plátano verde frito), el camarón ha sustituido a la fritada y el arroz vuelve a tener sabor y a hervir al tiempo acostumbrado.

Hemos dejado el mundo indígena de los originarios caranquis, por los originarios caras y actuales montubios. Y definitivamente hemos dejado de vivir en la calle del primer presidente ecuatoriano Juan José Flores, de bastante triste recuerdo, para vivir en la céntrica calle del Libertador Simón Bolivar.

Para estar apenas a 400km de Ibarra queda demostrada la inmensa diversidad de este maravilloso país.

Incluso en los trabajos se han producido cambios (al menos en el de Lucía), ya nos contará…
En mi nuevo trabajo me toca observar...

Con tristeza hemos dicho adiós a Ibarra, pero con alegría damos la bienvenida a Bahía de Caráquez.

Bahía desde la altura

(*) Dividí no sé cómo se escribe, posiblemente nadie aquí lo haya escrito antes, ni el porqué del nombre pero se refiere a la camiseta de hombreras masculina.

Nuestra primera cena en la casa serrana...hace año y medio
Nuestro primer desayuno en la casa costeña




jueves, 12 de febrero de 2015

Ecuador LXXVII. Lugares Maravillosos: Misahualli y sus Sinchi Warmi

Sinchi Warmi significa en kichwa “Mujer Fuerte”. El Ecuador está repleto de mujeres fuertes, mujeres que llevan el peso de la vida, de la familia, de sus trabajos…que cargan costales de papas, leña, arroz, hijas o hijos a sus espaldas como si no pesasen. Soportan el acoso, maltrato y objetización de sus cuerpos desde que son pequeñas y hasta que mueren, de forma natural o violenta. (En Ecuador, 6 de cada 10 mujeres han vivido algún tipo de violencia de género. Enlace:  Encuesta Nacional de relaciones familiares y Violencia contra las Mujeres)

Pues bien, en un lugar de la Amazonía Ecuatoriana, hay un grupo de mujeres fuertes, con cuerpos robustos, chiquititas pero compactas, con un piel tostada preciosa, un gran sentido del humor, y muy acogedoras. Pertenecen a la misma comunidad indígena a orillas del río Napo, y algunas son familiares de sangre, pero hay algo que las une a todas, y es que estas sinchi warmi han decidido organizarse para ser autónomas y así poder tener mayor independencia económica y asegurar el “porvenir” de sus hijas e hijos, asumiendo el “rol de proveedor” que habitualmente en nuestra sociedad patriarcal asume el hombre.

La manera de hacerlo ha sido de lo más linda, han montado un centro de turismo comunitario en Misahuallí, un lugar muy acogedor al que ya hemos ido tres veces y sin duda iremos más.(Su Facebook: Sinchi Warmi )

El equipo de la última visita...


La finca se encuentra a poco más de un kilómetro del río Napo, 5 o 6 cabañas rodeadas de vegetación y pequeñas piscinas en las que crían tilapias para el autoconsumo. Cerca hay unas plantaciones donde cosechan la yuca, el plátano verde, cacao y otros alimentos de la dieta oriental.

Ellas mismas, con ayuda de sus familiares y de voluntarixs que pasan temporadas allí, han construido todas las cabañas con materiales de la zona al estilo tradicional. La ecología es otro de sus objetivos, y una prueba de ello son los baños secos, que además de evitar el consumo de agua, permiten reducir el volumen de residuos, la contaminación de las aguas y proporcionan abono a corto plazo. Lastimosamente la presión comercial les ha influido y han construido dos cabañas con baños con cisterna porque al turismo “nacional” no le gusta el baño seco. Supongo que lo siguiente en aparecer será el wifi…

Una de las cabañas es un museo, en el que hay maquetas del modo de vida tradicional de la cultura kichwa, artesanías y varios útiles domésticos hechos a mano con materiales naturales (ropa, bolsos, vasijas, cubiertos…), siempre están dispuestas a mostrarlo con la mejor de sus sonrisas, a veces con pocos dientes.

La comida es otro aliciente para visitarlas, pues preparan el famoso maito que consiste en carne, pescado o verdura, cocinado a la parrilla dentro de una hoja de bijao. Los jugos de la mañana son muy ricos, igual el agua aromática de Guayusa, eso sí, hay que tener un estómago fuerte para superar la consistencia de esos desayunos…


Otro de los atractivos del lugar es su ubicación, ya que además de pasear por la finca, es buen punto de partida para hacer excursiones por el río Napo, hasta alguna reserva de bosque primario (no intervenido por “el hombre”) o a un centro de recuperación de animales.

En nuestra última visita fuimos al  Amazoonico, un centro en el que animales silvestres que han vivido en cautiverio y han sido recuperados por el Ministerio del Ambiente tienen una segunda oportunidad. Muchos de ellos son liberados, otros permanecen allá hasta que mueren, este es el caso de muchas aves, que tras ser capturadas, les cortaron las alas para que no pudieran volar y así fueran dóciles mascotas, u otras que aunque no se las cortaron, están tan habituadas al contacto humano que cuando las liberan terminan buscando casas donde les alimenten, siendo así vulnerables al tráfico de especies exóticas. Un lugar interesante que nos permitió ponerle cara a animales como el tigrillo, el tapir, la capibara, el puma jaguarundi o el trompetero con su canto impresionante.




















Y para finalizar este pequeño viaje por la Amazonía, os contaré que como buena sinchi warmi que soy, fui la única en hacer diana en una pequeña “competición” de puntería con cerbatana en la que mis competidores eran tres hombres que dudaban bastante de mi capacidad (uno de ellos bromeó diciendo que tuviera cuidado para no aspirar en lugar de soplar…). Me consta que a ellos les dolió más que al fruto en el que clavé mi dardo en el centro de su corazoncito!!

 



PD: Imagino que algunxs esperabais saber dónde nos hemos instalado, todo llega, antes quería mostraros el sitio donde estuvimos justo antes de venir a nuestro nuevo hogar…Solo os diré que tengo muuuucho calor y que cuando leáis esto estaré en mi segundo día de trabajo, el primero ha ido muy bien!!

lunes, 9 de febrero de 2015

Ecuador LXXVI. Ashata Kaskaman, Yupaychani.

La estancia es de adobe con pequeñas ventanas que apenas permiten entrar la luz, en ella unas literas con varias cobijas muestran que podría tratarse de un dormitorio, pero también una pequeña cocina de gas y la refri muestran que podría tratarse de la cocina. Entre ambas una mesa y unos bancos algo viejos sirven y han servido para pasar muy lindos momentos de nuestra etapa serrana. La mesa sirvió para mi primer contacto con la matemática ecuatoriana pero también para disfrutar de la comida indígena. Tubérculos de todas las formas y colores, fréjoles, habas y demás granos me acompañaron además de los ricos pedazos de pollo, el gran cuy y la coladita.

Esa mesa sirvió para conversar, para intentar entendernos desde mundos y realidades tan diferentes pero sobretodo para notar el calor y el cariño mutuo. Esta estancia es la principal en casa de la familia de Olguita (la llamo así porque ella es la matriarca), detrás de sus gafas doradas se esconde una mujer luchadora, emprendedora y orgullosamente kichwa.

Nunca olvidaré la frase que me recibió por primera vez esa habitación, “perdone la pobreza” cuando debí contestar “entonces, bienvenida la dignidad”.

Y frente a la mesa está una pequeña puerta por donde aparece la luz, por donde se vislumbra un maravilloso entorno montañoso (que en estas fechas se cubre de verde) y que muestra Ibarra allá, allá abajo.

Este lugar está en la Comunidad de San Clemente, parroquia de La Esperanza, es un lugar inspirador, te traslada a un mundo diferente al nuestro, donde la vida, el trabajo y el tiempo no es marcado por un reloj analógico, donde ante el rigor de la naturaleza y bajo una intensa tormenta recoges día a día las vacas con un cráter como telón de fondo, donde uno a uno vacías los fréjoles de su vaina, donde las manos se te encallecen de restregar la ropa en la piedra bajo el agua helada..., no obstante, en ocasiones no faltan las parabólicas o las computadoras internetizadas.

Me gusta observar su día a día (seguro que algo diferente cuando aparezco yo), como se hace la comida, como se recoge el grano o la papa previamente (lo que la temporada ordene), como el cuy se lleva desde el corral y como después de un uso certero del cuchillo se le pela calentito después de pasarlo por agua hirviendo para que esos pelos salgan sin problemas. Un agua hirviendo que llegó a este estado gracias al fuego de la tulpa. Todo cuesta trabajo, todo lleva tiempo, el suficiente para tomar conciencia de muchas cosas. Tan lejos de nosotrxs, tan cerca de la tierra.

Y en este maravilloso lugar hemos pasado últimamente un par de ratos haciendo bloques de adobe, pisando tierra, agua y paja que en un futuro esperamos formen parte de esa nueva estancia que nos haga disfrutar con el mismo calor de siempre. Un calor que echaremos de menos, aunque literalmente no nos haga falta aquí en la costa, por ello Ashata Kaskaman, Yupaychani.

 
Aquí deberíamos decir Ashata Kaskaman, Yupaychani