miércoles, 28 de octubre de 2015

Perú IV. Como en el Himalaya…


  
La Cordillera Blanca es la segunda cordillera más alta del mundo después del Himalaya, tiene más de 700 picos nevados y más de 20 por encima de los 6000 metros, pero si hay algo que impresiona más que estos datos, es verla al amanecer o atardecer con los rayos de sol reflejándose en esas nieves perpetuas.



Aunque nos la habían recomendado varias personas, aparecer allá fue un lindo descubrimiento, pues aunque en Ecuador ya vivimos y recorrimos los Andes, esto es otro nivel. Si ya en Ibarra nos emocionábamos cada vez que se despejaba el Cayambe a lo lejos, estar rodeadxs de puntas (porque son picos tan afilados que parecen puntas de lanza) blancas que emergen entre las nubes, nos aturdió.
Desde mi ventana

De entre las miles de opciones de senderismo, escalada y otras actividades que ofrecen en la zona, no pudimos resistirnos a llegar a la famosa Laguna 69. El motivo del nombre-número no lo llegamos a saber, supongo que tendrá que ver con el orden en que las fueron descubriendo, pues toda la cordillera está plagada de lagunas glaciares. El ascenso a la misma es sofocante, pues a la falta de aire por caminar por encima de 4000 metros hay que sumarle que el paisaje es tan hermoso, tan espectacular, que te quita el aliento. Tratamos de tomárnoslo con calma para llegar al destino y la recompensa fue mejor de lo esperado.


















A mí me impactó mucho el ruido en mitad del silencio, y es que cada minuto sonaban unos estruendos parecidos a truenos que no eran otra cosa que trozos de glaciar derrumbándose en la ladera, o rocas despeñándose hacia la laguna. Debemos agradecerle semejante espectáculo al calentamiento global que hace que cada año retrocedan unos 20 metros los glaciares de esta cordillera.


Otro día decidimos trepar a la cordillera que queda al frente de la Blanca, la Negra. Aunque es árida y sin nieve tiene un gran atractivo, y es que desde ella, la panorámica de la protagonista de esta sierra es brutal. Después de una paliza tremenda atravesando comunidades casi verticales nos dimos un merecido descanso al pie de una laguna mientras el viento iba levantando de a poquitos las nubes que se mezclaban con la nieve.

 


A parte de las opciones para cabras trotadoras la zona ofrece otros lugares de interés, aguas termales, un gran camposanto en el lugar donde una avalancha del Huascarán (el pico más alto del Perú) barrió una localidad completa, un mapa del Perú creado por polilepis en una ladera a 4000 metros, o uno de los yacimientos arqueológicos más antiguos del Perú, Chavín de Huantar.

Como nos estamos aficionando a descubrir la historia de los pueblos y este país es un lugar maravilloso para hacerlo, allá nos fuimos. Era una sociedad Teocrática, es decir, los gobernantes eran los líderes religiosos, y consiguieron mantener la cohesión y el control de su pueblo sin necesidad de ejército o guerras. El poder lo demostraban en celebraciones en las que bajo el efecto de distintas sustancias (entre ellas el San Pedro de moda que tiene casi tanta mescalina como el Peyote) entraban en un trance que hacía creer al pueblo que poseían poderes sobrenaturales. Aún se están realizando estudios para tratar de comprender el funcionamiento de esta sociedad. Recientemente estrenaron un documental interesante sobre la Cultura Chavín. (Chavin de Huantar, El teatro del más allá, de Jose Manuel Novoa)




Seguiremos avanzando…¿qué tal bajar de nuevo a la costa?


 

miércoles, 21 de octubre de 2015

Perú III. De Chan Chan al capitalismo gore.

Hemos pasado unos días en la ciudad fundada por Francisco Pizarro,                  T_ _ _ _ _ _ O, imaginemos el porqué del nombre, situada en la semidesértica costa norte del Perú.

La ciudad tiene un centro histórico colonial colorido, un clima primaveral en esta época y unos alrededores bastante curiosos ya que no estamos acostumbrados a unas imágenes tan desérticas y con un polvo en suspensión que dificulta ver las estribaciones andinas que hasta allí llegan e incluso el intenso oleaje del Pacífico que se le escucha más que se le ve.
Plaza de Armas. Centro Histórico
Playa del norte peruano
Pero más que todo esto, lo que nos ha hecho disfrutar ha sido el descubrimiento de algunas civilizaciones que ocuparon la zona tiempo atrás.

En estos territorios desde el siglo I a.C. hasta la llegada de los Incas, habitaron tanto Moches en primer lugar como Chimues en segunda instancia. Lograron convertir esta zona con sus conocimientos hidráulicos en un vergel agrícola, que junto con la abundancia de pescado hacía del lugar un auténtico paraíso. Incluso los Chimues empezaron a entender y dominar las consecuencias del fenómeno del Niño, algo que en la actualidad somos incapaces.

Vestigios arqueológicos de estas civilizaciones nutren todo este área e incluso uno de ellos, la ciudad de Chan Chan es en la actualidad Patrimonio de la Humanidad. La visita a diferentes huacas (templos Moches) y a la propia Chan Chan ha sido todo un descubrimiento histórico-social y en algunos casos hasta artístico.    
Descubriendo cadáveres

Descubriendo mosaicos
 
Pero si triste fue la intervención Inca en este territorio, por la asimilación y casi destrucción de la cultura Chimú, qué podríamos decir de la siguiente que dio comienzo un 12 de octubre.

La cuestión es que paseando por la actual Trujillo (por si alguien no había adivinado antes el nombre de la ciudad) me encontré con este monumento a la indecencia, el esperpento y la decadencia de nuestra civilización que vive bajo un sistema totalmente demencial. (Intentar leer bien todos los cartelitos, s/. significa soles que es la moneda peruana 1$ = 3,2 soles).
Sin palabras.
Ejemplos así en nuestra sociedad de consumo tenemos miles a diario, soy consciente, pero cuando vi este quedé tan perturbadoramente maravillado como cuando visitaba Chan Chan, ahora no puede negarse que este monumento tiene mucho más colorido que ese adobe que aguanta ya por más de quinientos años.

Cierto es que los márgenes que impone nuestro actual sistema económico y social son estrechos y aún teniendo en cuenta que en Ecuador uno podría encontrarse con estos centros comerciales de la salud (aunque tal cual no los vi) si creo que ciertos gobiernos (evidentemente empujados por la sociedad organizada) pueden marcar en el medio plazo algunas diferencias en el vivir y el devenir de sus sociedades. La realidad en el Perú es que se esperan elecciones generales para abril del próximo año y los candidatos, por orden de opciones de gobierno según las encuestas, son los siguientes:

Keiko Fujimori, hija del ex presidente actualmente en la cárcel, Alberto Fujimori. Cumple condena de 25 años por crímenes de lesa humanidad y delitos de corrupción. (Fuerza Popular).

Pedro Pablo Kucinski, peruano-norteamericano que ya participó en anteriores gobiernos, acusado de desembolsar dólares para la Internacional Petroleum Company huyó refugiándose en EEUU, posteriormente volvió a legislar para la exoneración de impuestos a las petroleras y llegó a importantes acuerdos con el FMI.(PPK Perú por el Cambio)

Alan García, gobernaría por tercera vez, en su primer gobierno la economía peruana llegó al mayor desastre de su historia. (APRA Alianza Popular Revolucionaria Americana, el nombre viene de lo que representó en sus inicios)

Alejandro Toledo, ya gobernó antes que el actual presidente,  fue tachado de corrupto y de aprobar medidas neoliberales, vuelve a la carga. (Perú Posible).

César Acuña, gobernó en la región de Trujillo, empezó su campaña con la siguiente frase: “No soy político, soy empresario y por ello, como gobierno, no defenderé las ideologías sino que trabajaremos para lograr el bienestar de las personas “. (Alianza para el Progreso).

El partido del actual presidente Ollanta Humala no tiene aún candidato después del desastre sobre todo a nivel de corrupción que ha tenido su gobierno. (Partido Nacionalista Peruano).

Finalmente se encuentran dos agrupaciones de izquierdas, una nueva el Frente Amplio que podría asemejarse a Podemos y otra formada por la izquierda más tradicional. Aún no se han entendido, ¿será nuestro sino?.

En fin, si yo fuera peruano votaría por los Chimues.


 

domingo, 18 de octubre de 2015

Perú II. ¿Infierno en mitad del paraíso?

Llevábamos menos de tres horas en Iquitos y David ya había dicho un par de veces “creo que esta es la ciudad más sucia del mundo”. Aunque realmente se veía sucia, creo que esa impresión estaba claramente distorsionada por el sudor que nos caía a chorro de cada poro de la piel, por la paliza de barca de los tres días previos, y por la visión inicial de la gran capital amazónica, pues la llegada al puerto con su mundo, submundo e inframundo es bastante impactante.

Después se le ocurrió que la solución podría ser permitir que la selva invada, absorba y destruya la ciudad; borrón y cuenta nueva.

Yo no sería tan drástica, pero creo que si antes me venían a la mente palabras como exótico,  verde y salvaje al nombrar Iquitos, ahora serían otras por ejemplo calorazo infernal, suciedad, casinos, caos, motocarros y otras más, sin conseguir ninguna especialmente positiva o que evoque un lugar paradisiaco… Por otro lado debo reconocer que la gente resultó ser bastante amable y su acento de lo más lindo, como si fuera una fusión con el sotaque brasileiro. Costaba bastante entender, pero sonaba bonito.

Aunque en Ecuador nos habíamos acostumbrado a ver mercados de todo tipo, el del barrio de Belén nos sorprendió. Ni sé cuántos centenares de huevos de tortuga charapa se deben vender allá cada día, tampoco me imagino quién compra y cómo cocina la carne de tortuga, que venden en dos trozos y sin caparazón. Cosa normal aquí, como allí el pollo.

El caso es que este desencanto inicial y la “amenaza” de no zarpar barcos al día siguiente por feriado nacional, hicieron que nos embarcásemos con destino a Yurimaguas cuando llevábamos apenas 24 horas en la ciudad ardiente. Ante tal descortesía Iquitos nos la devolvió y es que nuestro barco, el Eduardo X, no zarpó aquella tarde y tampoco al día siguiente…
Puerto de carga desde nuestro "encierro" en el Eduardo X

Una vez superado el caos y desconcierto ante tal imprevisto, dormimos aquella noche en nuestro camarote, “aparcadxs” en el puerto, y a la mañana siguiente nos mudamos al mismo camarote, pero en el barco de al lado, el Eduardo IX.

Y esa tarde, 24 horas después de haber embarcado, dejamos atrás la isla de cemento en la selva y comenzamos a navegar el Amazonas.

El viaje por el río más caudaloso del mundo, después por el Marañón y finalmente por el Huallaga duró casi tres días, aunque no nos hubiera importado que durase un par más. La sensación de calma, ese cielo infinito, ese perfil de la selva en ambas orillas al atardecer o el movimiento en cada comunidad que atravesábamos era una rutina bastante monótona, pero placentera. Desde nuestras hamacas en la cubierta superior controlábamos ambas orillas, así que nos avisábamos cada vez que veíamos una comunidad y rápido íbamos a la proa para ver abordar el barco a saltos a mujeres vendedoras de todo, incluyendo loros y tortugas, o para alucinar con el movimiento de carga y descarga de mercancías de lo más variado, desde colchones, cajas de pescado y sacos de soja, hasta un motocarro.

 
 
 

 
 
 
 
Para contribuir a la pérdida de noción del tiempo y los días, la comida era casi siempre igual, arroz y pollo, todo un clásico. La tripulación comía bastante mejor, porque se lo merecen después de las palizas de carga  descarga que se pegan, y porque estos barcos son fundamentalmente de carga, y el transporte de pasajeros es algo habitual, pero que resulta menos que secundario para la tripulación, y por ello el trato es bastante tosco y para nada cuidado. Por suerte llevábamos lectura y habíamos comprado dos hamacas, un par de garrafas de agua, manzanas y papel higiénico, el kit de supervivencia en estos cruceros fluviales.
De nuevo arroz con pollo
El camarotazo
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 
 La experiencia resultó maravillosa, y creo que volvería a Iquitos sólo para tener nuevamente la oportunidad de recorrer las aguas del Amazonas en barco, disfrutar de los más bellos atardeceres, y con suerte ver una capibara, una pareja de Guacamayos, o cientos de parejas de loritos escandalosos.
¿Volveremos?
 




 

martes, 13 de octubre de 2015

Ecuador-Perú I. Descendiendo el río Napo.

Mientras escribo me encuentro en el diminuto camarote de un barco que se encuentra amarrado en el puerto de Iquitos. Teníamos que haber salido a la tarde pero finalmente tocará pernoctar en él sin comenzar por tanto a remontar el Amazonas hasta quien sabe cuándo. Pero esta historia es otra, la que ahora toca es la anterior aventura fluvial que nos trajo hasta aquí.

Nos despedíamos del Coca pronto en la mañana, a pesar de llegar 30 minutos antes de la partida a la barca (y eran las 7 de la mañana), esta está completamente llena. Es bastante larga y sin embargo han conseguido llenarla de todo tipo de víveres y cajas que harán nuestro trayecto menos confortable. Todo se transporta desde aquí por el Napo para abastecer las pequeñas comunidades kichwas que lo jalonan hasta la frontera. Terminamos cubriendo los algo menos de 200 km en unas 10 horas, donde incluimos parada para almorzar y otras muchas para embarque y desembarque de mercancías y pasajeros. Es cansado pero la belleza del rio y sus selváticas orillas lo compensan.

Finalmente llegamos a Nuevo Rocafuerte última comunidad de la Amazonía ecuatoriana y donde pasaremos casi sin darnos cuenta la última noche de nuestra vida acá en el país. Uno nunca piensa como será el último momento de tal o cual aventura pero se nos iban las horas y algo de pena nos recorría el cuerpo. Una hermosa cena con los únicos pinchos de pollo y algunos verdes que le quedaban al señor esmeraldeño es el fin. Al día siguiente cruzamos de madrugada en canoa la frontera como si de unos ilegales se tratara. Este paso lo hacemos con un peruano afincado en Ecuador, que ciertamente nos estafa, por lo que la entrada en el país vecino es algo traumática si la juntamos con la sensación de abandonar el Ecuador.
Llegando a la frontera

Ya estamos en el Perú, veremos en el futuro si es legalmente, porque al llegar a migración no hay luz debido a la tormenta nocturna y la inscripción debe ser manual. Para continuar hasta Iquitos una nueva embarcación nos conducirá por el Napo durante un día y medio y se terminará convirtiendo en uno de los más bellos, cansados y a la vez surrealistas viajes de cuantos hemos hecho. El tramo lo interrumpiremos en Santa Clotilde para hacer noche en uno de los “hostales” más cutres que recuerdo, con una mezcla entre burdel de Pantaleón y refugio de personajes de novela sórdida.


Ambulancia fluvial
La barca se desliza por el rio y se va llenando poco a poco hasta alcanzar niveles inimaginables. Inicialmente somos una pareja de franceses y nosotrxs algo que nos llevó a pensar erróneamente que sería un paseíto turístico, por suerte no fue así. En la primera parada en una comunidad kichwa monta un niñito enfermo, su abuelita que no para de escupir por la borda y que tiene síntomas de malaria, el marido y un niño secoya que les acompaña y que sale por primera vez de la comunidad, ah! y varios gallos, gallinas y patos  que amarrados por las patas fueron situados fuera de nuestras inmediaciones, junto al motor fuera borda. En la siguiente comunidad (todas a orillas del Napo) entra un hombre de ojos saltones, con tez amarillenta y con barba desarreglada de varios días que ha decidido hacer este viaje de día y medio para ver si era atendido en Iquitos después de más de un mes de fiebre y con pruebas negativas de malaria, en ese mismo instante un anciano totalmente consumido es traído en una pequeña canoa sobre una camilla para ser llevado igualmente al hospital. Lo “depositamos” en el piso de nuestra barca, colocamos la botella de suero donde podemos y ale cuidado con no pisarlo. Posteriormente entran un grupo de trabajadores de la construcción que habían terminado una escuelita, uno de ellos trae un par de gallinas que sitúa bajo nuestros pies, juntarlas con sus congéneres era arriesgado, la cuestión es que una de ellas debió tener tal estrés que se animó y nos puso un huevo en el trayecto. Finalmente uno de los últimos compañeros de viaje es un teniente que deja el cuartel para irse a un destino de emergencia en la frontera colombiana y como es costumbre entre los castrenses se ha pasado la última hora y media corriendo con su mochila al hombro, laptop en una mano y en la otra una especie de sable. Nos amenizará con sus bribonadas y su música salsera-bachatera el resto del viaje.
El huevo del estrés

Contar las sensaciones y los pensamientos que te vienen a la cabeza en ese cubículo de apenas 10 metros de largo y en medio de ese rio que cada vez se agranda más y más es complicado, intentar describir la vida tranquila que transcurre a orillas del Napo o la alegría y las expectativas de unos niñxs kichwas que pasan el día lavando, pescando o simplemente divirtiéndose en torno al río lo es aún más.

 
El descenso es largo, la selva es monótona pero es muy especial sobre todo con la luz del atardecer coincidiendo con el momento de mayor movimiento de las aves, curva tras curva el verde no acaba, tampoco las playas que ahora con la época seca inundan todo el trayecto. Son momentos para disfrutar con uno mismo, para quedarse ensimismado, para reflexionar sobre nuestro ajetreado día a día  o para otras reflexiones como que aun siendo el mismo río, la misma nacionalidad kichwa a un lado y al otro de la frontera, los mismos silencios de un pueblo indígena maltratado, todos los referentes ecuatorianos que teníamos acaban de desaparecer. Las camisetas de la tricolor pasan a ser las de la banda roja, las gorras ya no son del MIES u otras instituciones ecuatorianas, el agua de cocacola ya no es Dasani es San Luis y tantas cosas que estaban en nuestro día a día vuelan de un plumazo.

Con todo esto revoloteando en la cabeza, el Napo termina desembocando en el Amazonas pocos kilómetros más abajo de Iquitos pero esa es ya otra historia. Nosotrxs tras 15 horas de barca y experiencias varias estamos en Perú, casi el mismo tiempo que cruzar el charco en un avión de Iberia pero mucho mucho más lindo. 

Comunidad Kichwa del Napo

sábado, 3 de octubre de 2015

Ecuador CXI. Rumbo a Iquitos

Dicen que Iquitos es la ciudad más grande del mundo a la que no llegan carreteras, es decir, sólo se puede acceder por aire o agua. Nosotrxs hemos elegido el transporte fluvial como mejor forma de llegar a esta gran capital amazónica que hace menos de un siglo pertenecía a nuestro querido Ecuador, así que de no haber sido por aquella guerra en la que Perú arrebató un gran pedazo de selva al Ecuador, no tendríamos que pasar fronteras para llegar a la ciudad de Pantaleón y sus visitadoras.

Río Napo desde El Coca

El viaje durará varios días, pues la distancia entre El Coca e Iquitos es de unos 580km en línea recta y la velocidad en rio depende del tipo de embarcación y del caudal, que ahora está bastante bajo por la falta de lluvias. Mañana haremos el primer tramo, hasta la frontera. Tardaremos unas 10 horas en recorrer los 184 km que separan esta ciudad de Nuevo Rocafuerte.

Así que mañana por la noche nos despediremos por una temporada del lindo Ecuador, del “no sea malito” y el “siga nomás”, de la cortesía del “buenos días, buenas tardes, con permiso y muchas gracias”, del pueblo disfrutón a ritmo de tecnocumbia, bachata o música “chica”, del lugar que me permitió trabajar en labores y contextos que no habrían sido posibles en España, un paraíso natural de grandes contrastes con su selva, sus volcanes, sus playas y sus inigualables islas Galápagos, y como no, del lugar donde conocimos a Olguita, Mesias, Ati, Narcy y Maggie, a mis pacientitas pacientes de La Esperanza, a Carlos y Jonathan, a Mario y Brenda con su Casona, a Javi y Laura, a Charito, Wachito y sus familias, a Eliana, Javier y todxs mis alumnxs, y como no, a Ruth, Langa, Unai, Lucas y Henar, que además de ser grandes amigxs han sido nuestra familia de acogida en momentos buenos y malos.

¡Muchas gracias a todxs, muchas gracias Ecuador!

¡Hasta pronto!
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
¡Ah! aprovecho para presentar a nuestra nueva compañera de viaje, la pikerita de patas azules “chicuelina”.


jueves, 1 de octubre de 2015

Ecuador CX. El día 1.

 
Hoy es el día 1, primer día de nuestra nueva aventura o el día después del final de nuestro proyecto de vida en Ecuador. Hace ya algo más de dos años cuando aquí aterrizábamos no sabíamos cuando llegaría este día 1, de hecho ni hace un mes lo sabíamos, pero finalmente estamos en ese momento.

Es el día 1 de un sueño del que habíamos hablado en muchas ocasiones y que en las orillas de Bahía fue tomando forma. Es el día en el que culminan las ansias de recorrer las venas de un continente humillado cien veces pero que se levantó otras tantas. Es el día en el que comienza la emoción por ver y conocer un pasado triste de colonización y un futuro de esperanza. El día 1 de un viaje por l’América mochila al hombro que no sabemos hasta qué número ni hasta donde nos conducirà. Caminaremos hasta que nos cansemos, se gaste la plata o las suelas de las zapatillas. Un hermoso regalo merecido y anhelado que comienza hoy mismo en un autobús que nos llevará desde este hermoso y querido Quito hasta la puerta de la Amazonía ecuatoriana en El Coca.
Siguiendo tus pasos




















Por otro lado es el fin del proyecto en Ecuador, país que nos acogió con los brazos abiertos y que ha sido fuente de aprendizaje durante más de dos años. No seremos los mismos cuando en unos días crucemos la frontera de este pequeño pero hermosísimo país, y sabemos que no será la última vez.

Gracias Ecuador por esta maravillosa experiencia.

A caminar...
 
...por la patria grande

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