domingo, 19 de abril de 2015

Ecuador LXXXIV. Si yo fuera árbol…


Seguro que muchas veces habéis jugado a eso de “Y si fuera…”, que consiste en tratar de adivinar de qué persona se está hablando en función del animal, planta, canción, comida, color, país, coche o estación del año que asociamos con esa persona.

Si yo tuviera que hablar de mi misma y me hubieran preguntado con qué árbol me reconozco, quizás hace tiempo hubiera dicho el pino, por ser el árbol que más identifico con mi infancia, o el magnolio cuyas flores con olor a limón inundaron la primavera de o Porto en el 2007.

Pero en la vida todo cambia, y según vamos conociendo nuevos lugares, vamos cambiando con ellos. Así que ahora sé, que si fuera un árbol, sería una Ceiba.

Lo sé porque me cautivaron desde que las vi por primera vez peladas, casi tétricas, hace un año en plena época seca en la costa Ecuatoriana. Dominando ese paisaje árido al que daban un toque mágico.











Lo sé porque me han fascinado aun más al verlas hermosas, verdes y frondosas agradeciendo cada gota de lluvia en esta época invernal. Continúan dominando el paisaje, que ahora es de un verde espectacular. (lo siento, de esto no hay foto) 

Lo sé porque son hermosas con sus curvas bien marcadas, sus irregularidades, sus decenas brazos torcidos y sus heridas en el tronco. Como la vida misma.

Hay una en la Amazonía Ecuatoriana que es tan grande que para abrazarla hacen falta por lo menos 20 personas, ¿qué mimosa, no?



No hay dos iguales, cada una es especial y todas son maravillosas.

Estoy segura que las raíces de todas las Ceibas latinoamericanas se meten muy profundo en la tierra y se dirigen hacia el Oriente, para llegar al África y estrecharse con las raíces de los Baobabs, como buscando su casa. Yo creo que esto ocurre porque son sus descendientes, se alejaron hace siglos de las costas Africanas en barcos y galeras acompañando a miles de esclavas y esclavos para tratar de que su existencia en este “nuevo mundo” fuera un poco más grata.

Cómo no iba a querer ser Ceiba, un árbol con tanto significado en la lucha Zapatista, si como dice Amparo Sánchez “a la sombra de la Ceiba, nada malo te puede pasar”(Corazón de la Realidad - Amparo Sánchez). Lila Downs nos cuenta que en su sombra se escuchó un disparo cuando moría Zapata (Zapata se queda - Lila Downs). Está claro que este árbol tiene algo…

Y tienen una cualidad muy especial, que como mujer no puedo dejar de apreciar, y es que han conseguido sobrevivir “al hombre”. En este mundo en el que todo se convierte en objeto de consumo, y nuestro cuerpo (el de las mujeres especialmente) lo sufre a diario, las Ceibas con su madera poco consistente y poco valiosa como combustible, han logrado mantenerse a salvo de las garras de tantos hombres que arrasan con lo que encuentran en su camino según sus intereses.

Aquí en la costa, donde el embarazo en adolescentes es elevado, y sospecho en una gran cantidad de casos pueda deberse a violaciones ocurriendo muchas veces dentro de la propia familia, cuantas mujeres no se habrían transformado en ceiba de haber podido.

Quién sabe si todas esas Ceibas que me enamoran cuando recorro las carreteras Manabitas no son mujeres, que se cansaron de ser mujeres y se transformaron en las diosas de las lomas para hacernos sonreír al resto de mujeres que seguimos recorriendo caminos…

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