jueves, 11 de septiembre de 2014

Ecuador LXX. Soy INTAG, Soy Rebelde.




Desde que hace más de un año que Carmelo nos lo recomendase, conocer el valle de INTAG ha sido uno de nuestros planes pendientes. Casi una vez al mes decíamos “tenemos que ir a Intag”, pero nada… Ha tenido que estar próximo nuestro viaje a España para que nos lo tomásemos en serio, y el fin de semana pasado, por fin fuimos.


Intag se encuentra en la provincia de Imbabura, al suroeste de la misma, y es uno de los puntos biológicos más importantes del planeta (“hotspots”) por su riqueza en fauna y flora endémica. Paisajísticamente es muy variado ya que abarca zona andina y subtropical, y las decenas de ríos que surcan este territorio junto con las aguaste termales que brotan en algunos de los valles aumentan el valor turístico de la zona.


Pero como tantos otros sitios maravillosos de este país, se ve amenazado por la mano (y codicia) humana. La zona es rica en minerales, principalmente cobre, por lo que se ha visto históricamente asediada por el extractivismo.


Afortunadamente en la zona existe un alto nivel de conciencia ecológica y otra vez se han resistido a las distintas empresas que han tratado de esquilmar su riqueza natural. Varias han conseguido instalarse en distintas parroquias, con las eternas promesas de mejorar la economía local fomentando trabajo y movimiento de capitales. El resultado siempre es el mismo, un alto impacto ambiental, y mínimas repercusiones sociales siendo muchas veces negativas. Sin embargo la fuerte organización de la población (Decoin: Defensa y Conservación Ecológica de Intag que podéis ver en el enlace http://www.decoin.org) ha conseguido que varias empresas extranjeras desistieran en sus intentos de romper la estructura social comprando la conciencia de las personas.


Ahora la población de Intag se enfrenta a un reto mayor, en esta ocasión la empresa es estatal, la ENAMI (Empresa Nacional Minera) y el Gobierno está poniendo todo su empeño en conseguir tan suculentos minerales. La intensidad de la campaña extractivista está siendo altísima, con publicidad un tanto demagógica, persecución y criminalización de las protestas. Hemos tenido la ocasión de conocer a una de las mujeres que dirigen la Decoin y nos ha contado algunos de los atropellos que han sufrido. Javier Ramírez, campesino y miembro de la misma organización lleva meses en prisión preventiva, fue detenido de manera sospechosamente irregular por cargos de rebelión y agresión. El apoyo que está recibiendo es muy fuerte, pero lamentablemente, poco a poco y por desgaste la población está comenzando a dividirse ante las suculentas ofertas que hacen desde la Enami (nos habló de salarios para pasar el día jugando a ecuavoley, y todo por demostrar apoyo a la explotación minera)


Aunque la población se esté polarizando, el espíritu de resistencia se mantiene, y una de las estrategias es tratar de mejorar la economía local mediante la artesanía en cooperativas, el turismo comunitario y el cultivo de café orgánico.


Pudiera parecer, como han intentado algunas campañas, que la resistencia a la extracción de productos tan valiosos es egoísta por privar al pueblo Ecuatoriano de cuantiosos ingresos, pero lxs mismxs que se oponen a la explotación minera han ofrecido alternativas que el gobierno podría ejecutar para recaudar esa plata sin tener que esquilmar la tierra. Una de las opciones podría ser aumentar los impuestos a las grandes fortunas y empresas, pero resulta más sencillo luchar contra campesinxs que no tienen voz, que contra el poder económico.


Y dejando de lado la parte negativa, pasamos a lo bueno.



 













Nosotrxs nos alojamos en una hostería comunitaria, que además de unas relajantes piscinas termales, posee una oficina de la Red Ecoturística de Intag, donde puedes conocer la historia y geografía local, contratar caminatas y deportes de aventura o comprar productos artesanales, café o una camiseta en apoyo al compañero detenido.

Me encantó poder por fin conocer tan deseado lugar, estoy convencida de que volveremos, y espero que tanta gente que lucha incansablemente por defender el patrimonio natural, que al final es defender la tierra en la que vivimos, no se agote, no sucumba al poder, no se amedrente con la persecución.


Hay causas que es imposible no defender, 

Yo también soy Intag, por ello, soy rebelde.



jueves, 4 de septiembre de 2014

Ecuador LXIX. En la cama del Presidente.



Los Andes son una cadena montañosa que recorre toda América del Sur y en la que se encuentran los volcanes más altos del planeta. Es dudosa la etimología española que asocia el origen del nombre a la palabra andén, aunque es cierto que varias personas nos han dicho y hemos constatado que tienen esa forma, encontrándose dos cordilleras una oriental y otra occidental y en medio de éstas un prolongado valle.

Hace unos días hemos transitado ese maravilloso andén para dirigirnos a un lugar muy hermoso, una caldera rellena de agua a casi 4000 metros llamada la laguna de Quilotoa. El viaje es un espectáculo, subes, subes y vuelves a subir dejando la avenida de los volcanes ecuatorianos a veces a tu izquierda y a veces a tu derecha. Como estamos en época seca en la sierra, los cultivos que se agarran hasta lo más alto de las montañas están de color amarillo lo que contrasta con el verde de los pinares y el ocre de los pajonales del páramo. Por primera vez viajamos por una carretera a tanta altura y en esos momentos sí recuerdo las imágenes que el Perú andino me dejó; comunidades indígenas viviendo en zonas altas y frías que transmiten la dureza de sus vidas. Es un paisaje lleno de quebradas, sinuosamente bello e inhóspito a la vez.

¡¡Ay!!, este país cuanto más lo conoces más te maravilla.

Nuestro destino para visitar la laguna de Quilotoa es la Hacienda de Tigua, allí nos alojaremos y pasaremos un par de días antes de la partida de Marco y Joana. Tigua es un área de pequeñas comunidades indígenas en la provincia de Cotopaxi  que se ha hecho famosa por su pintura de acrílicos en el cuero de los borregos. En ellas plasman su historia y su cultura de forma naif. 
Pinturas de Tigua
Y aquí, en esta zona poco poblada y sólo por pequeñas comunidades indígenas, de paisajes fríos pero que con el sol se vuelven maravillosamente bellos, se sitúa la hacienda. Cuando llegas pareces entrar en una telenovela de esas de sobremesas estivales, dos chicos (que luego sabremos que son hijos de los hacendados o más bien de la hacendada porque el marido ha fallecido recientemente) nos reciben con su sombrero, sus botas de montar, su camisa de cuadros y un bigote que completa un disfraz que descubriremos no es tal. Después conoceremos a los otros dos hijos de la familia, también con sus botas, su sombrero, su camisa de cuadros y su bigote. A mí también me devuelve el lugar a la película de los Santos Inocentes. Pero joder, qué podía esperar, es una hacienda, con sus hacendados, su mayordomo, sus trabajadores indígenas y evidentemente sus vacas, sus caballos, sus burros, sus patos y en este caso, que estamos en los Andes, sus llamas y sus alpacas. La pobre viuda nos cuenta que en la zona sólo quedan dos haciendas, la suya y la de un tal Guillermo Rodríguez Lara “el bombita”, general ecuatoriano que protagonizo un golpe de estado en los setenta, parece que las reivindicaciones de tierras de los indígenas en los ochenta no pudieron con estos dos, normal  “su marido había conseguido aquello a base de trabajo y del amor por sus indígenas”.



La familia termina siendo amable y hacen un seco de borrego para cenar en esas noches frescas bastante rico, sin embargo no acabas de retorcerte en tu cama de turista cuando conoces al indígena que con sus niñxs pequeños viene a ordeñar las 180 vacas del hacendado cuando el tiene únicamente una en su casa. ¡Ahí está una clase práctica de lo que son las clases sociales!. Siendo benevolente puedo entender que uno piense que sus antepasados compraron aquello y que después le ha tocado administrarlo y quiere seguir viviendo bien, pero admitir la normalidad y la justico de eso, por ahí no paso.
Vida de pequeñxs
Vida de mayores











En estas conversaciones y otras estamos, cuando la señora nos dice que a ellos los hacendados el presidente les llama pelucones, pero que ellos son distintos y por eso Correa les ha visitado en alguna ocasión haciendo noche en esa misma habitación donde voy a dormir después.

Así que, duermo en la cama donde durmió Correa, pero duermo pensando en todas estas contradicciones, en la lucha de clases, en el efecto del turismo, en las fuentes de ingresos de una zona casi olvidada, en la cara de esos guaguas de apenas 5 años que ordeñan las vacas con un frío terrible y llenos de mocos y mugre, en la prepotencia del hacendado cuando se dirige hacia su mayordomo, en la forma tan diferente en la que se dirige hacia sus huéspedes y finalmente dejo de pensar para terminar soñando con ese cráter lleno de agua a 4000 metros de altura que me espera al día siguiente, que intentaremos rodear y descender pero que el granizo nos lo terminará impidiendo.

Quilotoa a los pies

domingo, 31 de agosto de 2014

Ecuador LXVIII. Alerta: ¡¡Terremoto!!




El pasado martes 12 de Agosto la tierra tembló en Quito.

Ecuador se encuentra en el cinturón de fuego del Pacífico, zona de costa pacífica del continente asiático y americano, que se caracteriza por alta actividad sísmica y volcánica debido al movimiento de placas tectónicas.

Ya sabíamos de la fuerza de la naturaleza en este país, lo contaba en la entrada de “Los miedos” hace ya un año, pero hasta ahora no la habíamos sentido tan cerca. Más de una vez nos hemos acercado tímidamente al volcán Tungurahua sin conseguir ver sus borbotones de lava o sus nubes de ceniza, y en cuanto a los sismos, hasta ahora, nada de nada. Eso sí, casi por cualquier lugar del país (incluida mi querida Esperanza) ves letreros que indican puntos seguros en caso de sismos, erupciones volcánicas o llegada de ovnis.

Ahora comienza nuestra pequeña aventura sísmica.

Tras volver de nuestro viaje por Guate y Bogotá, y una vez solucionados mis “problemillas diplomáticos” en Quito, pusimos nuevamente rumbo a Ibarra, dudando si quedarnos un día más para disfrutar de la city con Henar y Lucas. Afortunadamente decidimos marcharnos, y es que el día después de nuestra partida, la falla geológica que recorre casi todo el norte de Quito se activó después de muchos meses silente. Fue un temblor de 5,1 en la escala Richter, pero como fue bastante superficial, dejó algunos estragos y 5 víctimas. Entre los desperfectos, se cerró la carretera Panamericana, que nos trae a Ibarra, así que nos habríamos quedado bloqueados entre barrancos y precipicios.

Nuestrxs amigxs Lucas y Henar, que ya tienen experiencia en sismos, vieron como bailaba su oficina, y parece que en el aeropuerto cundió el pánico, de hecho permaneció cerrado unas horas.

Ese mismo día andábamos deshaciendo maletas en la tranquila Ibarra, y como están haciendo obras en la calle de enfrente, al pasar la apisonadora le dije a David: ¡¡mira, un terremoto!! Después supimos la noticia, y aunque hubo gente que lo notó aquí en Ibarra, con nuestra apisonadora era imposible distinguir nada. (el movimiento de esa maquina debería estar catalogado en la escala de Richter como en un 4,3).
Durante la semana hubo algunas réplicas, todas de menor intensidad, pero con daños materiales, heridos e incluso una víctima más.

Alerta: ¡Ovnis!
Nosotrxs nos preparábamos para recibir nuestra última visita antes del viaje a España. Joana y Marco llegaban desde Suiza el viernes, y desde que llegaron el tema de los sismos fue bastante recurrente en las conversaciones. De hecho esa misma mañana Marco nos dijo: “está temblando” y efectivamente, muy sutilmente se notaba un temblorcillo, no muy intenso porque estábamos en la calle. Llamé a Lucas y Henar que viven en un piso más alto y confirmaron el temblor. Había sido de 4,9…

Ese día paseábamos con la sensación de que en cualquier momento podía pasar algo, pero con calma. Después vimos que suspendían un concierto al aire libre y las funciones en la casa de la Cultura como medida preventiva. Nosotrxs como si nada fuimos a darnos un prometido homenaje en un restaurante japonés (qué mal vivimos!).

¡¡Ahora viene lo bueno!!

Al salir, nos encontramos casualmente con nuestro amigo Davide, nos saluda algo nervioso, y tras dudar un poco nos comenta que una amiga ha recibido una llamada de un familiar que trabaja en el Instituto Geofísico de Guayaquil y le han dicho que se preveía para esa misma noche a eso de las 00:00 un terremoto (no un temblor, un terremoto!!) bastante intenso y con muchas réplicas. Él, su pareja embarazada de 40 semanas y dos amigas más iban al parque de La Carolina, uno de los puntos seguros. Se despidió con solemnidad, y nos deseó suerte, eran las 23:00. (Qué bestia Davide!!!)

Nos quedamos de piedra, subidón de adrenalina y nos pusimos a pensar, “¿qué hacemos?”. Por mayoría absoluta e inmediata decidimos salir por patas hacia ese parque, que estimábamos a más o menos una hora a pie. (ni se nos ocurrió pasar por casa que estaba a 3 minutos a coger mantas, agua, linternas...) Por el camino fuimos haciendo planes de emergencia, “en caso de temblor miramos la carretera, y si no viene ningún coche nos vamos al centro, nos abrazamos y nos tapamos la cabeza”, “sí, sí, pero apaga el móvil para reservar la batería por si acaso…”.
Amábamos mucho la vida esa noche...

Los primeros 10 minutos me temblaban las piernas, y el cuerpo entero, por suerte Joana es psiquiatra, le pregunté si tenía ansiolíticos en el bolso y dijo que creía que sí…maravilloso efecto placebo el de las palabras.

Sonrisas de alivio a las 23:40
Avisamos a Henar y Lucas, y decidieron optar por la calma y quedarse en casa, eso sí, preparando un kit de emergencia incluyendo una foto de un tío marinero, un portaminas y una lata de fabada. Como decía Lucas el día siguiente, pura poesía.

Una vez superado el pánico inicial comenzamos a preguntarnos si se podría predecir algo así con tanta precisión mientras Marco empezaba a arrepentirse de habernos conocido. Las dudas serias aparecieron cuando vimos la gente feliz y tranquila en la puerta de un par de garitos y cuando nos adelantó una chiva (camión donde la parte de atrás es una especie de disco móvil). Serían ellxs ignorantes, o nosotrxs demasiado peliculerxs.

A las 23:50 llegamos a nuestro destino, reencontrándonos con Davide y compañía. Había otra familia más de unas 12 personas tumbadas en el suelo con sacos de dormir, y alguno casi roncando. Preguntamos en la comisaría de policía que había al lado y dijeron que no había ninguna información, que el Presidente había hecho un comunicado con el Alcalde llamando a la calma.

Nos sentamos en el suelo, ya más tranquis y empezando a preguntarnos qué haríamos y en qué momento decidiríamos irnos a casa, porque hacía un frío…
A las 00:30 no había ocurrido nada aún, y como empezábamos a tiritar, esta vez por la temperatura, decidimos hacer una cucharita familiar. Davide nos prestó una manta de Iberia, nunca me habían parecido tan útiles y tan finas a la vez. A las 02:30, sin haber sentido nada de nada decidimos abandonar el campamento (y más viendo que el resto de las familias se iban a casa a dormir porque no aguantaban el frío). Regresamos a casa en taxi, y el taxista se estuvo riendo un rato de nuestra ingenuidad, el fue el primero en hacerlo, pero no el último…

Cucharilla de supervivencia
Yo una vez en la cama calentita me alegré de haber vivido esa aventurilla. Seguro que Davide le hablará a su hijo Ernesto más de una vez que podría haber nacido en un parque en medio de la apocalipsis. Pues durante unos minutos yo pensé que a las doce en punto, toda todita la ciudad se iba a venir abajo. Demasiadas películas.

Esa noche dormimos felices de puro agotamiento, y la mañana siguiente nos recibió con un nuevo temblor de 4,3, esta vez noté perfectamente cómo se movía la cama. Y con eso, mis ganas de sentir un terremoto han quedado satisfechas.

Gracias Pachamama por no darle más duro, gracias Joana y Marco por traer tanto ajetreo al Ecuador, y gracias Davide por tan bonita y fresca aventura…

¡Quito temblando, de frío!

martes, 19 de agosto de 2014

Colombia I. Bogotá: La Berlín de los Andes


Por fin arribamos a la Gran Colombia, todo el mundo nos había hablado muy bien de sus paisajes y sobretodo de su gente. Sin embargo por el momento no podemos decir mucho, hemos tenido apenas una escala de tres días en su capital, eso sí han sido suficientes para saber que volveremos.

L'América cosmopolita

Nada más llegar lo primero que te resulta familiar es ese acento que en la televisión europea suele tener cabida sólo para narcos o delincuentes, un estereotipo absurdo más, de nuestro occidente de delincuentes de guante blanco. Y detrás de esta acogida familiar, está Bogotá. A pesar de sus 2600 metros de altura, casi como Quito, es menos verde y montañosa que este y quizá salvo en la altura en pocas cosas más se asemejen.

Al poner los pies en la calle sientes que por fin te encuentras en una gran ciudad, atrás queda la sensación de vivir en un pueblo que tienes en cualquier lugar del Ecuador. Las calles y avenidas son aglomeraciones de gente que viene y va, en ellas el indígena apenas tiene presencia y si una ciudadanía muy cosmopolita y con aire europeo, aunque orgullosamente latinoamericana.

Nos alojamos en el barrio de La Candelaria, barrio céntrico de casitas bajas y calles estrechas y empedradas que terminan en la ladera del Monserrate, monte de unos 3100 msnm desde donde se pueden divisar los confines de la ciudad. El barrio tiene atractivo por su magnífica ubicación (Plaza Bolívar, Museo Botero, Biblioteca Gabriel García Márquez…), por su fisonomía y por lo que ofrece. Está lleno de pequeñas salas de teatro, bares, restaurantes, lugares de encuentro, vida alternativa, y aun así conserva un aire propio no pareciendo en ningún momento un barrio turístico y sin alma. Por momentos podrías sentirte como en Lavapiés.
La ciudad está llena de vida, se respira cultura en sus calles, no tiene pared sin grafiti, no tiene muro sin voz, hay música, pero sobretodo hay juventud. Una juventud que está llamada a revertir esas enormes diferencias sociales que también hemos percibido, mucho más que en el Ecuador. La investidura del Presidente Santos durante nuestra estancia no es un buen augurio.

Apenas han sido tres días pero los hemos disfrutado muchísimo, teatro, cine, exposiciones callejeras, planetario y ganas de descubrir un país que también tiene, Amazonía, más de diez cinco-miles, valles cafeteros, costa pacífica y caribeña y mucha historia latinoamericana.

Aunque nunca estuve en Berlín, todo el mundo me habló maravillas de la ciudad y de su ambiente cultural, en mi imaginario debe parecerse mucho a BOGOTÁ.
Bogotá en las alturas