lunes, 15 de septiembre de 2014

Ecuador LXXII. Lugares Maravillosos: Cuyabeno, Amazonía Ecuatoriana.


Cuando vives en un país tan exuberante como Ecuador, ir a la selva se puede convertir en algo casi “normal”. Debe ser que los sentidos quedan saturados de tanto paisaje exótico, de manera que navegar en lancha por un río rodeada de naturaleza salvaje tiene una subida de adrenalina inicial para después transformarse en una tranquilidad placentera, como si una estuviera “en casa”.

Aun así, quería contaros cómo fue nuestra primera incursión a la Amazonía Ecuatoriana, pues las visitas previas a la zona de Tena, Misahualli y el Puyo fueron un simple (aunque impresionante) aperitivo.

El destino: Cuyabeno, al noreste del país, y la manera de llegar, bastante entretenida.


Camino a la selva
Empezamos en avión, huyendo de una ciudad bajo amenaza de terremoto. El vuelo dura apenas 30 minutos, pero tuvimos la suerte de poder divisar desde el cielo nuestra querida Ibarra y el coloso Cayambe. Tras el avión llega una camioneta, que recorre la distancia entre Lago Agrio y Tierras Orientales por pistas creadas para la circulación de los vehículos que van y vienen de los pozos petrolíferos de la zona. Y finalmente una lancha, que recorre Río abajo el Aguarico hasta llegar a la desembocadura de uno de sus afluentes, el Cuyabeno, que remontamos hasta llegar a nuestro destino, un lodge en medio de la nada (aparentemente). Total: casi 8 horas de viaje tocando cielo, tierra y agua.

Lo primero que quiero contaros, y además teniendo reciente la visita a INTAG, es la desolación que me produce ver los efectos negativos de la extracción de los recursos naturales, en este caso el petróleo. La visión de los pozos petroleros en el camino hacia tierras orientales fue, cuanto menos curiosa. Nombres como pozo 4, o Shally, nos dejan ver la frialdad del proceso y el origen de los primeros en explotar tan preciado recurso. Y después, ver cómo muchas especies animales están viendo afectadas sus vidas, rutinas y tranquilidad por las decenas de lanchas que surcan el río Cuyabeno para hacer nuevas prospecciones en busca del oro negro, resulta preocupante. Más cuando la zona tiene catalogación de Reserva de Producción Faunística. Así que ya se están dejando notar efectos como deforestación para la construcción de carreteras, contaminación del agua y fragmentación social por las distintas actitudes ante el extractivismo.

Conocer una de las “Ciudades del Milenio” ha sido bastante interesante. Son ciudades hechas bajo el proyecto “Ecuador Estratégico”, y la idea es que en zonas estratégicas donde hay alguna actividad económicamente relevante para la economía nacional se construirán ciudades “modélicas” con parte de los beneficios obtenidos de la explotación del petróleo, la energía hidroeléctrica o lo que toque. La intención es paliar el histórico abandono del Estado a comunidades de las zonas más ricas en recursos naturales pero que se conformaban con las migajas que le sobraban a las multinacionales.

Sin negar la probable mejoría en la calidad de vida de estas personas, la estética del lugar es cuando menos cuestionable. Como si en lugar de estar en medio de la Amazonía estuvieras en un barrio residencial del American way of life. Eso sí, la Escuela del Milenio y el nuevo centro de Salud, de primera categoría.


Por otro lado surge la contradicción, pues yo también viajo en lancha por el río, produzco residuos e incluso influyo en el devenir de las comunidades cercanas, que empiezan a orientar su actividad hacia el turismo, como si de un circo se tratase…Es evidente que hay muchas formas de hacer turismo, pero yo no dejo de sentir que de alguna manera también estoy contribuyendo al deterioro de lugares tan especiales.

Y lo bueno, lo lindo, lo maravilloso, lo impresionante es

El sonido de miles de insectos en la noche y encontrarse de vez en cuando alguna araña gigante a menos de 10 cm de tu cara.

Ver como se mezclan las aguas negras del Cuyabeno con las amarillentas del Aguarico.

Reconocer el sonido del tucán, el nido de la oropéndola o el vuelo de los loros, normalmente en parejitas.

Acercarse a un avispero en el que todas “las obreras” se ponen a chocar sus patitas ante el grito “¡Marchen!”

Buscar el reflejo de los ojos del caimán en una barquita, de noche, con la luz de una linterna.

Ver monos capuchinos y araña, con su envidiable agilidad brincando de rama en rama.

Hacer pan de yuca en una casa kichwa local, el proceso completo desde sacar la yuca, rallarla, escurrirla y tostarla.

Bañarse en las opacas aguas del río, con sus pirañas y anguilas eléctricas. (solo para valientes)

Conseguir hacer tu cabeza giratoria tratando de intuir donde aparecerá nuevamente el delfín rosado.

Pasear por las zonas no inundadas o remar por los ramales laberínticos del mágico río negro.

Y poder hacerlo todo en la compañía de David, Joana y Marco, ¡tremendo equipazo! 





 

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