lunes, 18 de abril de 2016

Venezuela I. Ardiendo

Fenómeno meteorológico

Ya cuando salimos de Ecuador, habíamos escuchado durante casi un año, de la posible llegada del fenómeno del Niño. Se preveía que pudiera incluso superar los niveles catastróficos de lluvias torrenciales del año 98, por lo que era importante una campaña de prevención extensa. Han hecho falta algo más de 18.000 km por carretera y casi 1.500 km por agua, para que después de recorrer por aire los más de 5.000 km que separan Buenos Aires de Caracas, vengamos a chocarnos con dicho fenómeno, que, aunque en menor medida a la esperada, está llevando lluvias a buena parte de Sudamérica. Sin embargo aquí, en Venezuela, la afectación está siendo la opuesta, la sequía es protagonista ya por varios meses. Es tan intensa, que los niveles de las presas que abastecen de electricidad al país están bajo mínimos y la necesidad de ahorro energético es tan grande que en algunas empresas públicas se ha reducido el horario de trabajo e incluso se ha dado vacacional la Semana Mayor entera. (Algo que ha sido muy bueno para poder disfrutar de nuestra familia cubano-venezolana más intensamente). Otro de los dramas de la pertinaz sequía está siendo la cantidad de incendios. En algunos lugares como en los valles caraqueños donde nos encontramos, los montes están ardiendo sin descanso.   


Fenómeno neoliberal

También en Ecuador, ya llevaba Correa largo tiempo hablando sobre la llegada de la restauración neoliberal en Latinoamérica. Han hecho falta algo más de 18.000 km por carretera y casi 1.500 km por agua, para encontrarnos con el fenómeno de la mano de Macri. Y, aunque los efectos en apenas 100 días de gobierno empiezan a ser evidentes, con despidos, inflación y recortes a la libertad de expresión, el fenómeno es aún más agresivo en Venezuela.

La actual situación, en el país más vilipendiado en los últimos tiempos por la prensa occidental, se está volviendo insostenible, las filas para obtener los productos regulados cada día son más largas, el precio del resto de productos cada día está más desorbitado y la escasez en ocasiones se vuelve tenaz. Todo ello ocurre a pesar de los esfuerzos gubernamentales por realizar repartos alimenticios en centros obreros y mercados del pueblo y por intentar cumplir la legislación que obliga a la empresa privada a establecer precios justos en ciertos artículos para la población. Sin embargo, el “bachaqueo” y la guerra económica están siendo rivales difíciles. Prueba de ello es que, en estos días, recogimos, jamón y salchichas en un encuentro bajo el puente de una autopista, harina y arroz en la trastienda de una bodega, pan después de una cola y una espera paciente, y una bolsa de productos no perecederos en nuestro centro de trabajo.

Es muy triste observar cómo pueden llevarse por delante un proceso de algo más de quince años, del que se ven resultados palpables en la sociedad y en las calles. En ello colaboran, la corrupción, la ineficacia, el oportunismo y el no compromiso de sectores apegados al gobierno, la falta de escrúpulos y conciencia de parte de la población venezolana que no duda en seguir especulando y acaparando productos para hacer plata, pero sobretodo las oligarquías venezolanas y sus aliados en el exterior que mantienen una guerra económica sin cuartel. Algunas de sus acciones son: comprar dólares subsidiados por el gobierno para importar y luego vender a la población con un dólar de referencia infinitamente más alto, guardar los productos en sus bodegas para generar desabastecimiento o sacar a la venta exclusivamente las versiones más costosas de un mismo producto, (en estos días se descubrió una cadena de supermercado que prefirió dejar pudrirse 4000kg de pollo antes que sacarlos a la venta).

Se siente emoción, al observar la inmensa misión vivienda que da cobijo a cerca de un millón de familias, al ver la mejora en las condiciones de vida de muchísimos venezolanos que antes engrosaban las listas de pobreza y extrema pobreza, al ver el resultado de misiones de alfabetización, de acceso a la educación y a la sanidad, y al ver las mejoras insuficientes en esos barrios ahora llamados tricolores que siempre estuvieron abandonados. Pero es triste evidenciar una y otra vez como la posesión de los medios de producción y de comunicación nunca está al servicio del pueblo y sí al de unas élites que no dudan y nunca han dudado en asfixiar a la población de hambre si es preciso (Chile 1973) para mantener un país ardiendo hasta que sus privilegios se salvaguarden. Nos vuelven a mostrar que la democracia es un sistema, que solamente es válido cuando de ella emana el triunfo de sus intereses, y si no es así, usarán golpes de estado, guerra económica o cualquier invento para revertir el orden establecido.


Fenómeno migratorio

Ya en Ecuador habíamos vivido de cerca esta realidad. Ellos que vuelven a su país empujados por la crisis española y la mejoría nacional, españoles que hacen las américas con sus titulaciones bajo el brazo, colombianos que nutren el norte huyendo de la violencia, cubanos que como médicos mejoran las prestaciones andinas o que inician viaje al norte en busca de su dorado, y así podría seguir con ejemplos que inundan el continente sudamericano y que mezclan y nutren estas tierras. Sin embargo, el fenómeno más curioso vivido en el Ecuador y entendido ahora en Venezuela, es el fenómeno de migración temporal de los venezolanos haciendo arder sus tarjetas de crédito o “raspando la tarjeta” como se conoce en el país.

Su forma de “viajar” por Sudamérica, es una especie de guerra económica llevada a cabo por ciudadanos de clase media que no dudan en mejorar sus condiciones de vida a costa de empeorar las de buena parte de la población, en la idea del sálvese quien pueda. De hecho, hay sectores que han convertido este negocio en su único trabajo. Al venezolano se le permiten, en función del lugar al que se dirige y el tiempo de estancia, una cantidad de dólares vendidos por el estado hasta hace muy poco tiempo a 10 bolívares por dólar. En el país de destino hacen compras ficticias con la tarjeta y a cambio de una pequeña propina, el establecimiento le devuelve lo gastado con la tarjeta en dólares en efectivo. A la vuelta al país, revenderán esos dólares a una tasa especulativa que se sitúa ahora alrededor de 1200 bolívares por dólar. La realidad es que, incluso pagando el pasaje de avión, compensa el negocio de compra venta de dólares, que además ayuda a la hiperinflación existente y a ahondar más en los problemas económicos existentes.   

Esta emigración temporal no está siendo la única. Hay otra sin fecha de regreso, llevada a cabo por personas que no aguantan más los actuales problemas económicos y de inseguridad, que abandonan el país con la certeza de que la mejoría está lejos y que piensan en las posibles represalias futuras.


En definitiva, me despido de Caracas y de Venezuela con tristeza e incluso con miedo de lo que a esa población humilde y trabajadora les pueda deparar el futuro. Me despido de manera emocionada del Cuartel de la Montaña donde descansan los restos del Comandante Chávez, y dejo atrás los enormes gestos de amor que gran parte de su pueblo tienen por él.
Hasta siempre Comandante

Mientras viajo hacia el aeropuerto, miro las pintadas de carácter socialista y emancipador que invaden los muros y puentes de barrios, plazas y municipios, y pienso como estarán cuando vuelva. Imagino que quizá nos venzan nuevamente, pero que, aun así, no dejamos de aprender y con ello de avanzar hacia una sociedad mejor en la búsqueda del hombre y la mujer nuevxs.

Llego a la puerta de embarque y vuelvo a mirar atrás con tristeza, sin embargo, al observar la pantalla que marca la inminente salida de mi vuelo a La Habana, me siento un poco mejor.

 

PD: En estos diez días de estancia en la República Bolivariana de Venezuela se registraron: el asesinato de un alcalde y un legislador suplente, ambos chavistas, también el asesinato de un activista social comprometido con el proceso. En los tres casos se sospecha que la causa fue el sicariato. Espero que estos datos lleguen a oídos de Mr Cal viva para que haga la campaña oportuna que considere, ya que supongo que estas noticias no les llegaron a nuestros medios de desinformación.

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