miércoles, 14 de agosto de 2013

Ecuador V. Encerradxs


Nos encontramos en el Tena, primera población importante de la selva ecuatoriana (unos 35.000 habitantes) cuando te aproximas desde Quito.

Cuando piensas en la selva la imaginación se desborda, la mía siempre se va a un río por el que te desplazas en canoa bajo un sol castigador y con el aullido de los monos y de los pájaros de sonido ambiente, mientras por la noche se va hacia una hermosa hamaca desde la que diviso las estrellas y sobretodo escucho la selva, porque la selva fundamentalmente se escucha.

 Y bueno, ahora me encuentro en esa hamaca, aunque bajo una construcción de hormigón, en medio de la ciudad de Tena y con la imposibilidad de salir por el aguacero que lleva descargando durante las últimas tres horas. Aprovecharé este balanceo para echar la vista atrás.

En estos últimos días hemos pasado del clima suave de Ibarra, al más frío de Papallacta y al cálido de Tena, sin dejar de estar rodeado de montañas en ningún momento y sin que las nubes, a veces nuestras aliadas evitándonos el sol perpendicular de estas tierras, dejen de ser nuestras enemigas al impedirnos ver el final de esos volcanes nevados que parecen tocar el cielo.



Pasamos un par de días en La Esperanza, habituándonos a nuestros paisanos y desde allí intentando coronar los volcanes del Imbabura y del Cubilche, aunque el único intento serio fue el del segundo. No obstante la niebla intensa y nuestro estado físico nos imposibilitó ver la laguna que lo corona. Desde allí, las vistas de Ibarra son magníficas.


 
 
Después hemos pasado una noche en las termas de Papallacta, lugar espléndido, ubicado a 3300m de altura entre dos colosos de casi 6000m, el volcán Antisana y el volcán Cayambe, y también lugar de entrada al parque nacional Cayambe-Coca; sin embargo en esta ocasión dejamos a un lado las caminatas y simplemente disfrutamos de la chimenea y la bañera termal que te encendían en la habitación para cuando te retirabas definitivamente a ella. (No os preocupéis que cuando vengáis, recorreremos el parque con entusiasmo).


 Y desde allí hemos llegado a nuestro encierro actual, después de casi tres horas de carretera con un paisaje de selva espectacular y que al final te parecía hasta lo normal alrededor de una carretera, donde el agua sigue sin darnos un respiro y desde donde la selva está tan cerca pero tan lejos a la vez.




Al dejar Ibarra atrás, hemos comenzado nuestro viaje por el Ecuador, nuestras vacaciones turísticas, pero esta vez la mirada es diferente, es otra. 
David
 
 

1 comentario:

  1. Este hoombrecillo debería dedicarse a escribir . Se le da muy bien.
    Besos
    Gracias por permitirnos viajar un ustedes.
    Los queremos

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