domingo, 24 de enero de 2016

Bolivia-Chile I. Colores

Altiplano a 4000 metros, el sol comienza a calentar a medida que gana altura. Estamos en un hermoso terreno desértico donde las pocas briznas de hierba o matorrales bajos son aprovechados por vicuñas y llamas, y donde las lagunas de colores debido a las algas y la composición mineral son aprovechadas por hermosos flamencos. Las enormes piedras volcánicas que fueron expulsadas hace millones de años se colocan al azar en esta enorme altiplanicie que nuestros ojos no son capaces de alcanzar. Mientras todo ello queda enmarcado por una cordillera andina que supera en ocasiones los 6000 metros y que, como huesudas montañas de colores rojizos con cráteres blanquecinos debido al azufre, hacen no querer salir de Bolivia de ninguna manera. El consuelo es que la otra cara de las mismas es igual de hermosa y ya estás en Chile.
En medio de este paraje y con la retina en éxtasis, divisas delante de ti una pequeña caseta que cuelga en su fachada un cartel con la indicación de Inmigración y que en su puerta ondea la bandera tricolor.


Al borde
Mascamos las últimas hojas de coca por la altura y porque parece que no podremos pasarlas por la frontera. Sellamos la despedida y una carretera, ahora de asfalto, se dirige de manera vertiginosa y sin pausa hacia otra enorme planicie, aún más extensa pero unos 2000 metros más abajo, es el desierto de Atacama. A nuestra izquierda y marcando su límite, la espina dorsal andina en algunos casos coronada por nieve y en otros por pequeñas fumarolas, nos recuerda que Argentina también está ahí cerca. Hace algo más de un siglo seguiríamos estando en Bolivia, pero ahora hemos cruzado y ya estamos en Chile.

Chi-chi-chi , le-le-le.

Volcán Licancabur, mitad boliviano-mitad chileno
Al final de ese pronunciado descenso y con la sensación de estar en una película del oeste de aquellos sábados de sobremesa, entras en San Pedro de Atacama. Es un pueblo pequeño, de adobe y barro color tierra, consagrado en los últimos años al turismo tanto nacional como internacional, fundamentalmente brasileiro, con una mezcla entre Cabo de Gata y Caños de Meca y con una sensación de que la playa está a la vuelta de la siguiente cuadra cuando en realidad estás en el desierto más árido del mundo y con unos alrededores de volcanes andinos y de valles lunares.
Iglesia de San Pedro de Atacama
Su cielo es azul infinito, sus noches son de fuegos de artificio, su sol abrasador y su viento te ayuda en este verano a respirar aire fresco.

Disfrutar pedaleando de sus paisajes desérticos, de sus formaciones rocosas que encumbran la geología, de sus dunas gigantes y de sus lagunas con concentraciones de sal que casi te expulsan del agua, ha sido una bonita forma de adentrarnos mínimamente en este lugar tan inhóspito y único a la vez.   


Montañas salitreras





















Flotando
Ingravito












  
Y mientras el calor nos acorralaba y la bicicleta nos extenuaba, pudimos refrescarnos con la bebida nacional, el mote con huesillo (jugo de durazno deshidratado con trigo), servida en un pequeño puesto por un paceño.

 
Bienvenidxs a Chile, ¿cachai? huevón, culeao.
 
 
 
 
 
 

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