viernes, 15 de enero de 2016

Bolivia XIII. Potosí

Parece que hay lugares que se empeñan en desagradarte desde el inicio. Por suerte ando practicando el no fiarme de las primeras impresiones y esto me permitió, con una segunda oportunidad, descubrir Potosí.

Eso sí, nos recibió mostrándonos su cara más dura, tal vez para que no olvidemos lo crudos que han sido sus últimos 500 años. Nos recibió con un granizo espectacular que se convertía en ríos de lodo que bajaban vertiginosamente y a sus anchas por las calles inclinadas de la ciudad. La primera imagen de Potosí es un montón de casas de ladrillo que se agolpan en el hoyo que acoge a la ciudad más alta del mundo. El cielo gris cayendo a plomo y esta imagen me dieron unas ganas de retroceder corriendo, como tratando de escapar de la ratonera. Fue el granizo quien lo impidió y quien además nos obligó a esperar en la terminal de buses casi una hora para poder salir a buscar alojamiento. En esa fría espera me revolvió una de esas escenas de miseria, una familia se resguardada del granizo y a la vez aprovechaba el agua que goteaba de los tejados de zinc de la terminal para beber. A estos no les alcanza para comprar la de coca-cola…

 

 
 
 
 
 
Ese primer día fue gris y helado de inicio a fin, no hubo forma de entrar en calor a pesar de 4 o 5 capas de ropa. Así que con el cuerpo contraído tuvimos la primera imagen del Cerro Rico, también conocida como “montaña come hombres” por la cantidad de vidas que se ha cobrado en los 500 años de explotación minera en la misma. Dicen que deben ser unos 8 millones. No creo que haya otro lugar en la tierra en que se hayan concentrado tantas muertes violentas. Y es que esas muertes siempre son violentas, es violento morir con 13 años por un derrumbe tras colocar dinamita para explorar nuevas grutas en el cerro, es violento morir de tuberculosis porque tuviste que vivir hacinado para trabajar en la mina y así tratar de mejorar la vida de tu familia sin nunca conseguirlo, es violento morir de frío en un lugar que, en verano, alcanza mínimas de unos 0°C. Es violento morir intoxicada por la contaminación del agua con los productos que usan para la extracción y lavado de los minerales. Es violento.
La montaña "come hombres", o Cerro Rico

Por eso sientes rabia cuando oyes la expresión “vale un Potosí” (al parecer es de Cervantes), pues sin duda esta fue una increíble fuente de riqueza para la corona española en la época de la colonia, pero también una fuente de miseria y muerte para millones de personas. Cuentan que se extrajo tal cantidad de plata que con la misma se podía construir un puente que llegase hasta la misma España, cruzando el atlántico. También dicen que se podía haber construido otro de similares dimensiones con los cadáveres que costó tan magnífica extracción.

En pleno corazón de Potosí se puede visitar la Casa de la Moneda. Ahora museo, pero durante unos 400 años fue el lugar donde se emitían las monedas con mayor pureza del planeta. Inicialmente los minerales se fundían con fuego y limpiaba con mercurio. Era normal que la gente que trabajaba en los hornos no superase los 40 años. Más violencia.

Es interesante visitar el lugar que enriqueció al reino español con una historia tan tétrica, y a la vez el lugar que permitió una circulación tan intensa de moneda que, suponen fue determinante para el desarrollo de la revolución industrial en Europa y el consecuente auge del capitalismo posterior. Más violencia.


A pesar de tanta violencia, el cerro tiene un magnetismo especial. Algún día debió tener vegetación, ahora es una montonera de tierras de colores, llena de agujeritos que te llevan con más frecuencia al fracaso que a la gloria, pero que es el centro de la vida de miles de personas que habitan Potosí. No en vano esta ciudad (por su cantidad de población que supera los 150000 habitantes desde hace más de 4 siglos) es la más alta del mundo, con sus 4100 metros no deja de atraer a gente del ámbito rural buscando el dorado, o una vida mejor.

 
 
El tercer día Potosí nos mostró su cara amable, salió el sol, el termómetro marcó una temperatura más compatible con la vida y pudimos sentir esa magia de Latinoamérica, por muy dura que sea la vida, siempre hay algún motivo para disfrutar, ya sea un papa Noel, comer dulces en familia en las pastelerías, música en el mercado o alguna competencia deportiva. La vida sigue igual.
 

 
 
 
 
 
 
 
 
Nosotrxs decidimos aflojar un poco el cuerpo en “el ojo del inca”, unas aguas termales en el cráter de un volcán que gracias a sus 30°C y a un entorno increíble te reconcilian un poco con la naturaleza. Aun así, no conseguí sacar de mi mente la imagen de un cuadro de Guayasamín que está en el centro de la capilla del hombre, representa cuerpos esqueléticos tratando de alcanzar la luz, son las mineras y mineros de Potosí.



PD: Se ha convertido en atractivo turístico visitar las minas del cerro, mientras trabajan mineras y mineros. Las agencias tienen carteles en sus puertas que muestran fotos de gringxs bien rubixs y bien sonrientes con su casco, su bota y su mono a punto de entrar a la mina. Para que el tour parezca más puro, antes de visitar la mina te llevan al “mercado del minero” para comprar la coca, cigarros, alcohol y dinamita que posteriormente se ofrecerá a los exóticos mineros. Nosotrxs elegimos hacer la visita virtual viendo el documental “La mina del diablo”, lo otro nos pareció una perversión…


 

 
El cerro de Potosí

El famoso, siempre máximo, riquísimo e inacabable Cerro de Potosí; singular obra del poder de Dios; único milagro de la naturaleza; perfecta y permanente maravilla del mundo; alegría de los mortales, emperador de los montes, rey de los cerros, príncipe de todos los minerales; señor de 5000 indios (que le sacan las entrañas); clarín que resuena en todo el orbe; ejército pagado contra los enemigos de la fe; muralla que impide sus designios; castillo y formidable pieza cuyas preciosas balas los destruye; atractivo de los hombres; imán de sus voluntades; base de todos los tesoros; adorno de los sagrados templos; moneda con que se compra el cielo; monstruo de la riqueza; cuerpo de tierra  y alma de plata (que con más de 15000 bocas que tiene llama a los humanos para darles sus tesoros, siendo otros tantos ojos para ver sus necesidades y tanta su libertad que les da el corazón por esos ojos); a quien las cuatro partes del mundo conocen por la experiencia de sus efectos, sus católicos monarcas lo poseen (¡qué mayor grandeza!). Los demás reyes lo envidian, las naciones todas lo engrandecen, aclaman sin igual. Celebran admirable y elogian perfectísimo; a quien procuran fogosos su acendrada plata, cortan el viento por adquirirla, surcan el mar por hallarla y trastornan la tierra por tenerla.

Bartolomé Arzans de Orzúa y Vela (S. XVIII)
 

Siempre hay espacio para la poesía
En Potosí, la balanza no representa la justicia,
sino la propia balanza para calcular
el valor de los minerales. Bastante llamativo...
 

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