lunes, 1 de febrero de 2016

Chile III. La vida de los peces.

Matías Bize nos acercó a la vida de los peces en una película, yo me imaginaba a lxs integrantes de esa fiesta como peces en una pecera. Ahora en su tierra, imagino que soy un pez, y que habito el Pacífico que baña la costa norte de Chile.

El pez que se tragó a Neruda

Me gusta recorrerla y mirar hacia el continente, aunque no siempre puedo hacerlo con calma. No es fácil mi vida, siempre a escondidas de lobos marinos, pingüinos, gaviotas, pelícanos y anzuelos ridículamente camuflados. Peor cuando sacan las redes de pesca de arrastre, ahí caemos todxs, peces grandes y chicxs, bajo el mismo predador. Muchxs acabaremos en platos de Sushi -anda muy de moda en este país- o en al clásico mariscal, mucho más chileno.


 
 
 
 
 
 
Me preocupa también lo que le ocurre al mar, mi casa, mi vida, dicen que está muriendo; yo sé que recientemente, más al sur, llegaron miles de calamares gigantes a morir en las costas de la isla de Santa María. Hablan del fenómeno del Niño, sospechan que los asfixió… ¿no será la contaminación? Parece que nadie sabe, o que nadie quiere decir la verdad. En mi familia andamos con susto, por suerte nuestra memoria es corta, y rápido volvemos a nuestra rutina acuática.

Creo que esa cortedad de memoria es también la que nos impidió recordar cómo llegaron hasta el fondo marino cientos de rieles de tren. Tal vez fue una extensión de las vías que desde el desierto traían los minerales a los puertos. Las malas lenguas dicen que llegaron atados a cuerpos, cuerpos que debían dejar de existir, y desaparecieron; de ellos ya no queda nada salvo algún botón de nácar*, rodeado de los moluscos que tomaron aquellas tumbas de hierro como vivienda. Yo no recuerdo, no sé, pero el agua si sabe, y dicen que por eso, hace casi 40 años (tres años y un día después del golpe de estado de Pinochet) el oleaje sacó a Marta Ugarte hasta la playa de La Ballena para que todo el mundo conociera el horror. ¿No será mi casa un cementerio?


Hay algo más que me inquieta, a veces siento como tiembla el agua, se estremece con cada terremoto, y al igual que a lxs humanxs me preocupa la llegada de tsunamis, sípo, me preocupa que la inmensa ola me arrastre hacia ese desierto, del que nunca más podría salir. Sería como tantos mineros -no los 33 de la película, que aun viven- que perecieron bajo las entrañas de la tierra.


Aunque nadie se lo haya planteado nunca, nosotrxs también sentimos vértigo, cuando nadas en la bahía de Taltal, bajo tus aletas se abre un abismo, pues es una de las más profundas del planeta. Me pregunto que habrá allá abajo, ¿se llegará a las antípodas?

Y qué decir de la radiación ultravioleta. Pensaréis que estando bajo el agua no me afecta, ¡¡pues sí!! También nos afecta, principalmente a lxs que vivimos cerca de la superficie. Nos mata, nos esteriliza, destruye nuestros huevos. Así que trato de ver el solmáforo desde la orilla, para protegerme. ¿Me serviría el filtro solar?


Sé de la llegada del verano antes de que aumente la temperatura porque el agua sabe a bloqueador, es el momento en que las playas se atiborran de gente. Nosotrxs aquí tan agustito y ustedes allá tan apretaditxs. Es gracioso verlo desde mi mundo, toda una exhibición de tatuajes, uñas pintadas y bañadores último modelo. Parece que sigue siendo moda lo de llevar calzoncillo bajo el bañador. También conozco la moda argentina, no porque haya bañado sus costas, sino porque miles de argentinxs vienen a veranear a Chile, lxs reconozco por su juego de petanca, su acento, sus bikinis de hilo dental, y su inseparable mate.


Como dirían lxs de Carnavalito Gitano,
disfrutemos la luna,
que aun no la han privatizado...

 
Pero no todo es drama en el mar, además de ser una fiesta de color durante el día, durante la noche tenemos uno de los secretos mejor guardados. De madrugada, cuando todo está calmo, tenemos la posibilidad de mirar a la luna sin discreción, ella se refleja en el agua, como si fuera un espejo, al sentirse sola nos muestra, a veces, su cara oculta, la más hermosa. ¿Sabían que en el hemisferio sur cuando la luna tiene forma de C está creciente y cuando tiene forma de D, decreciente? Alguna facilidad tenía que tener este hemisferio…




Y así, rodeada de plancton, plásticos, aceites, predadores, demás fauna marina, tesoros y terribles secretos, continua la vida de los peces en el mar.

De fondo una música me hace volver a la tierra y mi condición de humana. Es Violeta Parra dándole GRACIAS A LA VIDA, que nos ha dado tanto. Y yo abro los ojos, compruebo que tengo brazos, piernas, cabeza, voz y memoria; miro hacia la orilla y veo a mi pololito lindo enamorado de los pelicanos, oigo las olas, respiro el olor del mar, y también me siento agradecida…

 
 
 
 
 
 
 

*Imperdible el documental “El botón de nácar” de Patricio Guzmán. Bello, tierno, duro, emocionante, completo...

No hay comentarios:

Publicar un comentario