viernes, 19 de febrero de 2016

Chile VIII. Para nunca más vivirlo, nunca más negarlo

Las primeras cuarenta y ocho horas en Santiago fueron un shock, era en cierta manera como estar en Madrid, pero sin haber cruzado el océano.
 

Sentir la sensación de minoría en Latinoamérica es algo sencillo, lo somos en primer lugar por nuestro aspecto y después y aún más importante por una cultura y una forma de concebir la vida muy distinta, como diría un cubano, es otra “idiosincrasia”. Pero mi primer contacto con Santiago me llevó a una minoría de otro tipo, a una minoría a la que estoy mucho más acostumbrado, una minoría en la que llevo navegando años y años y que, aunque me reconforta, a veces también me agota. Es esa minoría ideológica en la que me movía día a día y que de repente la sentí nuevamente con fuerza. Me encontré viendo largometrajes de cine independiente en lugares alternativos, disfrutando de una obra de teatro controvertida en el Museo de la Memoria, recorriendo calles con reivindicaciones en sus paredes que me resultan cotidianas, en fin, me sentí como en casa, pero con una sensación extraña y no del todo agradable. Me vi fuera de la vida que estaba llevando estos dos últimos años y en una nueva que en realidad era la antigua y la de siempre. Para mayor extrañeza, era un entorno familiar, pero a la vez totalmente desconocido.
Aún así, Santiago no es Madrid, por mucho que las latitudes de ambos hemisferios sean similares en ellas y que con esto garantices un tipo similar de vegetación, o que comparado con el resto de capitales vividas (Caracas, Bogotá, Quito, La Paz, Lima) entre ellas haya mayor afinidad, Madrid no es Santiago. Santiago es una ciudad enorme, asentada en la planicie que dejan los Andes y la cordillera costera entre ambos. Su orografía plana sólo la interrumpen pequeños cerros, desde los que te cercioras de su gran extensión urbana. Es una ciudad latinoamericanamente ordenada pero arquitectónicamente desordenada, con muchos árboles, pero con pocos parques y con una pared andina que en el verano sólo consigues divisar difuminada por la contaminación, pero que durante el invierno debe ser embelesador contemplarla. Esta ciudad fue más o menos la frontera hasta donde los incas llegaron y el rio Mapocho que la disecciona separó a este imperio del mundo Mapuche.

Rio Mapocho
Cerro fundacional
 

 
 
 
 
 
 
 
 Santiago está entre dos aguas, no es una ciudad típicamente latinoamericana, si es que tiene sentido usar ese concepto, pero tampoco es una ciudad típicamente europea y quizá ahí esté su encanto, aunque para mí lo está en alguno de sus Monumentos Históricos, de los que llevaba oyendo hablar desde mi adolescencia. Ahí, a ese Santiago, es al que nos hemos dirigido con ahínco y con terrible placer.

En el corazón de la ciudad se encuentra el Palacio de la Moneda, que, junto con La Plaza de Mayo, quizá haya sido el lugar más reconocible para mí sin nunca haberlo pisado. Un Palacio tristemente célebre, conocido más que por su esplendor, por su interior en llamas y por el pertinaz bombardeo al que lo sometieron los golpistas. El recuerdo de aquellos días queda evidenciado en la estatua de Salvador Allende erigida a uno de sus costados. “Mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor. ¡Viva Chile! ¡Vivan los trabajadores!” reza en la parte trasera de su escultura. (No sé, tengo mis dudas si después de un exterminio del hombre y la mujer por 17 años, lo que queda después es en realidad un hombre o mujer libre). También está la famosa Puerta Morandé 80 en un lateral de la Moneda, lugar por donde salieron los restos mortales de Allende y que fue tapiada en la época pinochetista para evitar su simbolismo. Se reabrió 13 años después de reinstaurada la “democracia”.  

 

 
 
 
 
 
 
 
 
Igualmente céntrico, a escasos metros de la hermosa Estación Central de Santiago y de la que fue Universidad Técnica del Estado, se encuentra el Estadio Chile. Fue utilizado como centro de detención, torturas y exterminio sobre todo en los primeros días de la dictadura. Allí y siendo trasladado desde dicha universidad fue asesinado Víctor Jara. El estadio ahora lleva su nombre, sus restos fueron llevados al Cementerio General de Santiago en cortejo público 36 años después de su muerte y sus conocidos asesinos continúan en la calle. Este lugar también es Monumento Histórico Nacional de Chile. 
Pertenece al Pueblo
A pocos minutos de la Moneda se ubica la calle Londres, el número 38 se convirtió después del golpe de estado en un centro clandestino de detención y torturas de la DINA (Dirección de Inteligencia Nacional). En el 2005, el recinto fue declarado Monumento Histórico Nacional de Chile y debido a la intensa lucha de organizaciones de derechos humanos hoy en día es un museo en memoria de aquellos detenidxs y muertxs en ese lugar.
En la memoria de Londres 38
El cementerio general de Santiago, al igual que otros muchos, es un lugar hermoso, con edificios que competirían en belleza con otros de la ciudad y donde se siguen reproduciendo las mismas diferencias sociales que la sociedad de los vivos evidencia. En él existe un lugar que es Monumento Histórico Nacional, es el Patio 29. Este lugar fue usado durante la dictadura militar para sepultar clandestinamente a ejecutadxs políticxs.
Patio 29
Tumba de Allende
 












A las afueras de la ciudad y al abrigo de la cordillera andina, se encuentra uno de los lugares más terriblemente maravillosos que yo haya visitado, se trata de El parque por la Paz Villa Grimaldi. Este lugar que era una hermosa hacienda fue convertido por el régimen fascista de Pinochet en uno de los mayores centros de detención, tortura y exterminio. Se estima que pudieron pasar por allí unas 5000 personas y de ese total 18 fueron ejecutadxs políticxs y 211 permanecen actualmente desaparecidxs. De estos se presume que muchos fueron asesinadxs y conducidos en vuelos de la muerte sobre el océano, para lanzarlos amarrados a rieles de tren. En 1997 fue inaugurado este parque y en 2004 declarado Monumento Histórico Nacional. Me preguntaba mientras lo visitaba, cómo un lugar tan espantoso, pudieron transformarlo con tanto amor y entrega en un lugar tan bello y tan importante para la memoria, la solidaridad y la reflexión. Las celdas de aislamiento de 1x1 fueron transformadas en cubículos de piedra sobre el jardín, lxs presxs y torturadxs en resistentes álamos, las mujeres desaparecidas en un jardín de rosas y los nombres de lxs 229 ejecutadxs y desaparecidxs grabados en piedra con fósiles a su alrededor, como muestra de algo que pervive y nunca se olvida.

Benvenidxs Villa Grimaldi

Rincón de los torturadxs

Rincón de los presentes

Rieles extraídos del mar (*)
















Hay un caso muy relevante de una militante comunista que pasó por Villa Grimaldi, ella era Marta Ugarte. Fue de las pocas desaparecidas, aparecidas tiempo después, en una playa de la región central con un alambre alrededor del cuello. Después de torturas y posterior ejecución, los cuerpos eran amarrados a un riel de tren con dos alambres e introducidos en unos sacos, para posteriormente ser lanzados al océano desde un helicóptero. En el caso de Marta la ejecución fue vía inyección letal, sin embargo, esta no debió hacer el efecto esperado por lo que en pleno vuelo su cuerpo empezó a moverse dentro del saco. La idea de los militares no fue otra que desenganchar del riel uno de los alambres y con él ahorcarla y con ello terminar de asesinar a su víctima. Una vez lanzado el cuerpo y ya en el fondo del océano, este debió desengancharse por estar amarrado con un solo alambre, terminó flotando en la playa con el alambre que acabó con su vida aún en el cuello. Con este caso, único que escapó del mar, se evidenciaron aún más las denuncias realizadas sobre dicho comportamiento por parte del ejército. La prensa (“siempre tan independiente") no paró de decir en la época, que su muerte era un crimen pasional.  Para nunca más vivirlo, nunca más negarlo.

Existen otros monumentos históricos relacionados con la tortura y desaparición de esa época, pero tampoco era plan de torturarnos en exceso. También existen otros muchos como iglesias y palacios, pero para esa tortura ya no estamos preparados. Así que dedicamos el resto del tiempo a pasear y escuchar los acordes de “Te recuerdo Amanda” por buena parte de la ciudad.

(*)En un riel queda adherido un botón que perteneció a un ejecutadx.

Premio Nobel chilena


  
 

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