miércoles, 2 de julio de 2014

Ecuador LXIII. Fin del plan A. Carretera y Manta



Como ya os aventuraba, dejé el trabajo. Ayer fue mi primer día de no madrugar, y la verdad, no se vive nada mal…

Debo reconocer que la despedida en algunos casos fue triste, especialmente con mis abuelitxs. Me habían hecho un mantelito bordado y pintado por ellxs, y la verdad es que no pude contener las lágrimas, algunxs de ellxs tampoco, así que nos dimos un abrazo colectivo con besos y achuchones, me sobaron más que nunca!!

Varixs me habéis preguntado qué ha pasado, y aunque mi intención no es contaros aquí toditas las razones, os voy a resumir un poco el tema, para que entendáis la locura de que esté renunciando a un trabajo tan bonito, y que me ha aportado tanto. Y si quedan dudas, ya lo hablamos con un ceviche o unas cañas. (Enla Elipa, Robledo, Lavapiés o los Andes)

Por un lado están las cosas negativas del curro, un cierto caos y desorganización que han podido con mi “rigidez europea”, malas relaciones laborales (especialmente sorprendente la falta de trabajo en equipo y de compañerismo…esta experiencia me ha hecho valorar aun más los compis que tuve allá, durante la residencia, en San Pablo…), retrasos en los pagos de las nóminas, peores condiciones laborales, y una preocupante desactualización en medicina ya que, aunque la parte humana del trabajo ha sido maravillosa, la parte “técnica” ha dejado mucho que desear, fundamentalmente por la escasez de recursos. Sólo os diré que pasaron 6 meses hasta que vi el primer electrocardiograma aquí, que ha sido imposible intentar hacer el control de pacientes crónicos por no ser posible hacer las analíticas de tiroides, diabetes, etc.

Hay una parte que me ha sorprendido especialmente y creo que ha sido de las que más me han afectado, el maltrato a lxs pacientes. No es que sea constante, pero si es mayor de los deseable según mi punto de vista. Esto lo sufre especialmente la población indígena, yo creo que por discriminación racial, y por tener una menor conciencia de sus derechos, menor empoderamiento y mayor resignación, pues aparentemente antes era bastante peor. Creo que las cosas van cambiando hacia mejor, pero muy lentamente, y yo que llegué con mucho ímpetu, he tenido varios encontronazos por intentar respetar derechos tan básicos como el derecho a la asistencia sanitaria…

Y por otro lado están las cosas positivas de dejarlo.

¿Qué mejor que poder visitar a Guille y Marta para que nos enseñen las maravillas de Guatemala?

¿Y qué tal si Joana y Marco se dignan a comprar los billetes para hacernos una visita y poder 
gozarla completa, sin tener que despedirme cada mañana para ir a trabajar?

¿Os imagináis cómo serían unas vacaciones en España, poder veros a todxs, hacer una oposición sin estudiar, y dar la bienvenida y conocer a lxs nuevxs integrantes en la familia? (calma, yo no estoy embarazada…)

Y después, a reinventarnos una vez más, volver a Latinoamérica y ver por dónde nos lleva el viento.

Y qué mejor manera de empezar el plan B que cogiendo Carretera y Manta, pues ya tenemos los billetes para disfrutar de 12h en bus por las intensas carreteras Ecuatorianas con destino a Manta, en la costa central. El objetivo: sentir el verano en este país sin estaciones, descansar, ver ballenas y tararear la canción de Calle 13: “dame la mano y vamos a darle la vuelta al mundo”


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