miércoles, 30 de diciembre de 2015

Bolivia VIII. Kaa-Iya.

Kaa-Iya es en guaraní lo que Pacha Mama es en quechua, y este es el nombre que recibe el Parque Nacional Boliviano que ocupa la zona de chaco de este país. El chaco es un tipo de vegetación que cubre todo el Paraguay, parte del norte de Argentina, una zona limítrofe del Brasil y la zona este de Bolivia que hace frontera con estos países.

A este lugar bastante distante nos hemos dirigido con el objetivo de divisar al jaguar, el gran felino americano. Para ello hemos pasado cinco días dentro de un paisaje aislado e inhóspito, con una temperatura que osciló siempre entre los 30ºC y 40ºC, día y noche, cubiertos de pies a cabeza por la presencia amenazadora de mosquitos carniceros que sólo te daban respiro cuando el viento hacía acto de presencia, y con una vegetación seca y espinosa que siempre nos rodeaba.
 

Hemos estado solos en los casi tres millones y medio de hectáreas de parque, recorriendo caminos polvorientos de rectas infinitas, estrechos por lo acechante de la vegetación y en donde nuestra mirada siempre andaba perdida en el horizonte a la búsqueda de algún bulto oscuro en el día o de algunos ojos brillantes en la noche. Cuando digo solos me refiero a nosotrxs, a una pareja franco-alemana, a una joven suiza, a nuestro guía samaipateño, al chofer y a un guarda parques solitario, taciturno y algo suicida en sus encuentros con los felinos.
Hacia el Brasil
Antimosquitos
 

 
 
 
 
 
Buscamos animales sin descanso, desde las 4 de la mañana hasta las 10 de la noche, lo hicimos desde el carro, caminando o camuflados frente a las lagunas. La paciencia fue nuestra virtud y aunque nos faltó la guinda del pastel que era el jaguar, lo vivido frente a la naturaleza ha sido espectacular.
 
Al acecho

Hemos recorrido sigilosamente senderos mientras el sol inclemente martilleaba nuestras sienes, hemos mascado coca para concentrarnos en seguir adelante cuando el aire no nos regalaba ni un segundo de aliento, hemos recorrido rectas interminables palmoteando mosquitos sin cesar, hemos apreciado el silencio interrumpido sólo por el ruido del viento en los árboles, hemos disfrutado de un cielo inmensamente limpio y estrellado, hemos disfrutado mucho, pero sobre todo hemos disfrutado cuando la suerte nos brindaba un encuentro fortuito con los animales en su hábitat natural.
 

Hemos visto al pequeño armadillo recorrer el camino a toda la velocidad que le permitían sus pequeñas patitas cuando percibía nuestra presencia, han cruzado nuestras cabezas infinidad de escandalosos loros, hemos aprendido el nombre de curiosas aves de patas largas y cortas, unas que volaban y otras que sólo corrían, de plumajes excelsos y de crestas increíbles, pero por encima de todas ellas estuvieron, el águila que como disecado presidía la laguna desde un balcón de privilegio al acecho de cualquier acontecimiento que le ayudara en su alimentación, y el tucán más grande de Latinoamérica, el tucán toco. Hemos asistidos expectantes al baño privado de uno de los animales más extraños y bellos que existen, el tapir, que anunciado por el trino de los pájaros hizo su tímida entrada en la laguna mientras nuestros ojos como platos lo seguían y manteníamos un silencio sepulcral, su inicial miedo a los predadores cercanos y a cualquier ruido se convirtió en posterior relajación y siesta acuática mientras los pájaros lo ayudaban a espulgarse, esos momentos fueron simplemente maravillosos. Hemos disfrutado de la llegada de uno de los monos más pequeños del mundo, el titi del chaco, para saciar su sed en la laguna. Hemos descubierto en la noche los ojos amarillos del zorro a la luz de nuestras linternas al fondo del camino y haciéndole creer que podíamos ser sus víctimas de manera cautelosa se nos aproximó. Pero quizá nada tiene comparación con ver frente a frente a un felino.
 
 

 
 
 
 
 
 
La noche nos brindó la vista del ocelote, una especie de jaguar de mucho menor tamaño, aunque de forma fugaz, pero la tarde y en el momento que iniciaba su jornada de caza, el destino nos agradeció la espera y nos mostró una hembra de puma. Levantar la vista en esas rectas infinitas y divisar la silueta del puma fue un subidón de adrenalina. Ver su cansino pero a la vez elegante y sensual caminar, ver los movimientos de su larga cola, ver como olfateaba los laterales del camino en busca de agua y alimento y ver como al notar nuestra presencia giraba su felino rostro y nos miraba marcando distancias fue un momento sublime.
Intrépido
Precavidxs
 

 
 
 
 
 
No obstante, faltó el jaguar, lo buscamos día y noche y nos fue esquivo. Muchas veces pensé durante esos paseos nocturnos con nuestras pequeñas linternas qué hubiera pasado si el tan buscado jaguar hubiera hecho acto de presencia, porque pudo ser la emoción del momento o quizá no ser totalmente conscientes del potencial peligro del encuentro lo que nos hizo caminar y caminar a su encuentro.

Seguiremos la búsqueda…
Su huella

Imagen tomada por cámara del parque
 
 

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